José Dionisio Solórzano / @jdionisioss
Partamos de la premisa que un mensaje tendrá distintas respuestas; pues éste es un estímulo que afectará a diferentes receptores, quienes decodifican el mensaje y, basados en su cultura, percepción y estado de ánimo – harán una interpretación particular del mismo.
La primera gran división estará en aquellos que acepten y aquellos que rechacen la idea central del mensaje-estímulo.
Y, ¿por qué esta separación? Cada receptor posee una escala de valores, una carga de subjetividad que moldeará su opinión y/o reacción ante el contenido comunicacional recibido.
Cada persona hará una valoración de lo que cree que es el mensaje.
A través de sus procesos cognitivos efectuará una interpretación y, por ende, formulará una concepción propia, produciendo una retroalimentación de acuerdo con sus criterios.
Entonces, ¿visto así es imposible lograr un proceso de persuasión eficaz?
A pesar de la capacidad del sujeto receptor de interpretar y decodificar los mensajes, el efecto persuasivo está inmerso en otros elementos en el proceso de comunicación.
Explico: la comunicación no puede ser concebida como un mero proceso informativo; debido a que la comunicación va más allá.
Y no solo está sujeta a los principios del lenguaje oral o visual, sino a elementos determinantes del entorno social, emocional y socio-cultural.
¿Por qué tiene éxito un determinado mensaje político? Porque las condiciones sociales están dadas, dicho de otro modo el mensaje es una semilla que cae en la tierra fértil de una sociedad ávida de ese estímulo.
Vamos a ver 3 casos puntuales: ¿si en la Venezuela de los años 90 no hubiera existido un cansancio social al sistema político democrático hubiera podido tener éxito el discurso de Hugo Chávez? O ¿si en la Europa de inicios de siglo XX no hubiera existido un sentimiento antisemita previo, hubiera tenido eco las ideas de Adolf Hitler en Alemania? O ¿si no hubiese una opinión colectiva en Argentina sobre el fracaso del socialismo y de las posturas moderadas hubiera ganado la elección presidencial las revolucionarias y radicales (en el buen sentido de la expresión) ideas liberales de Javier Milei?
El factor social – el clima social – es determinante para la efectividad de un mensaje determinado.
El «momentum» no siempre es reconocido o aprovechado; aunque pudiéramos decir que a veces la propia sociedad engendra un mensaje colectivo de apoyo o rechazo a una idea.
Ahora, entendiendo que el mensaje-estímulo está condicionado en su efectividad al clima social, debemos precisar otros aspectos más individuales. Por ejemplo, el receptor tiene determinadas creencias que jugarán un papel crucial a la hora de interpretar un mensaje.
Estas creencias, valores o principios, son producto de la interacción social, ya sea desde el núcleo familiar, la tradición nacional, las relaciones humanas en escuelas, trabajos o comunidad. O, incluso, producto de la experiencia personal.
Estos factores interceden en los procesos de decodificación e interpretación del mensaje-estímulo generando la respuesta, que será favorable o no, de acuerdo a la incidencia de estos elementos.
¿Qué hacer para lograr un efectivo modelo de comunicación política en un determinado proceso? Lo primero es evitar la difusión de mensajes destinados a «todo el mundo», pues el que trata de hablarles a todos, termina hablando con nadie.
Se debe precisar a qué público se desea llegar; conocer sus estándares morales, sus gustos sociales, sus modas e inclinaciones, solo así se logrará concretar un mecanismo comunicacional más acorde y más efectivo.
El emisor – en este modelo que se propone – tampoco puede ser único.
La unificación del mensaje se logra a través de la multiplicidad de la fuente; es decir, muchos emisores repitiendo el mismo mensaje.
La exposición del estímulo optimizará su efecto y generará la sensación de sumatoria esencial en el proceso persuasivo.
Otro aspecto esencial – y ahora más que nunca – es la definición de códigos comunicacionales.
Cada segmento de receptores poseen sus propios códigos comunicacionales, ya sea por estrato social, edad o gustos sociales; por lo cual, es indispensable que la determinación del público objetivo debe estar entrelazado con el código del mensaje a ser difundido.
Y, asimismo, la definición del canal por donde se envía el mensaje es fundamental; pues, en la era moderna no todos los públicos emplean los mismos canales de comunicación e interacción.
Pudiéramos decir que el modelo se resume de la siguiente forma: Emisores – (Mensaje) – Canal - (Código) – Públicos determinados – (Valores y Clima) – Respuesta deseada.
Obviar el ambiente social y los factores personales (miedos, anhelos, experiencias, valores) es uno de los errores comunes en la elaboración de planes de comunicación, pues a veces los diseños de comunicación se basan más en modas o gustos del emisor que en una visión realmente estratégica del proceso comunicacional.
Cada vez es más importante evaluar los procesos comunicacionales que se emplean; desde el uso del código, lenguaje, y mensajes a la estructuración o reformulación de los públicos objetivos de los contenidos.
Pues, otro factor a evaluar es la movilidad del pensamiento colectivo, las sociedades tienden a cambiar aspectos (sobre todo en su esquema de valores y en los usos lingüísticos).
El lenguaje no solo son las palabras sino los iconos que se emplean en los procesos de difusión; todo esto influye y son elementos importantes a la hora de moldear un plan de comunicación.
¡Comunícate y hazlo bien!








