jueves, 7 de julio de 2016

Psicología de campaña

Rincón del Gurú-.  Sí, la victoria tiene muchos padres. La derrota, en cambio, es plenamente huérfana.

Recordamos a los vencedores, mas olvidamos con rapidez a todos aquellos que se quedaron en el camino hacia la presidencia, la gobernación, la alcaldía o la legislatura.

Nos jalamos los cabellos preguntándonos ¿qué hicimos mal? ¿En qué fallamos? ¿Por qué la gente no nos apoyó con su voto?

Nos encerrados en una dialéctica del error. En el dogmatismo riguroso de las fallas operativas, en los errores comunicaciones, en las fallas dentro del planteamiento táctico del marketing, y dejamos a un lado el análisis sesudo de lo ocurrido.

Cuando José de los Palotes, un elector como cualquier otro, sale de su casa al centro de votación lleva consigo la decisión de “a quien votar” y entonces, es en este preciso momento que debemos interrogarnos ¿Por qué nos vota? O ¿Por qué no nos vota?

Cuando Juan, e igual que Isabel, salen a ejercer el voto llevan consigo la creencia que “Fulano” de tal es la mejor opción.

Y ¿cómo ellos saben que “Don Fulano” es la mejor alternativa para gobernar o legislar?

Durante un tiempo, que va más allá de la época de campaña, “Don Fulano” ha vendido su propuesta, su personalidad, sus pensamientos y sus creencias.

Recordemos que no es sólo en campaña que se vende a un candidato. Para nada.

Quien simplemente se reserve para la campaña misma iniciará la corrida mucho más atrás que sus oponentes, y necesitará de mucho más esfuerzos (en todas las áreas) para alcanzar a aquellos que salieron primero.

Bueno, Juan de los Palotes e Isabel de los Palotes, votaron. Tal vez movidos por su percepción de los candidatos, la influencia de los medios de comunicación, la persuasión recibida por la publicidad exterior, manipulados por su círculo de amigos, familiares o compañeros de trabajo. Todo es posible y todo tiene que ser investigado.

Por esta razón, por el sencillo motivo que la decisión del voto es el producto de un proceso mental, es que las campañas tienen que estar acompañadas desde su génesis por psicólogos y comunicadores que ayuden a interpretar lo que piensan los electores.

Cada cabeza es un mundo, así dicta un viejo refrán. Y por lo tanto cada decisión personal de voto proviene de un mundo de emociones, percepciones, creencias, miedos, expectativas, sueños y remordimientos.

La acción del voto es más emocional que racional. Los electores no expresan sus preferencias bajo preceptos objetivos, por el contrario, el voto es hijo legítimo de sensaciones y expresiones plenamente subjetivas.

Es por esto, que el cerebro es la joya de la corona. Quien domine mejor el arte de comunicar y persuadir las inclinaciones conscientes y sub-conscientes del cerebro del elector podrá ganar la elección.

El elector piensa, y la campaña debe hacerlo también. Para llevar adelante una campaña exitosa no tiene que prevalecer lo “bonito” sino lo “efectivo”, tiene que prevalecer el análisis psicológico de los electores.
¡Comunícate y hazlo bien!


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