Rincón del Gurú-.
Hablar de la labor del periodista, es un
tema extenso, agudo y muy variado.
La responsabilidad del
periodista, su deber moral y ético, las consecuencias sociales y políticas de
su labor y el deber de informar bajo unos parámetros indicados por la
deontología profesional, son algunas de las expresiones o aristas que siempre
son abordadas.
No obstante, quisiera en
esta oportunidad tocar otro aspecto del quehacer de los comunicadores sociales.
Primeramente,
abordaremos el término “objetividad”.
Sí, la objetividad tan
cacareada en el mundo del periodismo, es “un tenue reflejo en el lago que
hasta una hoja seca lo puede difuminar”. La objetividad es débil y en
ocasiones sin sentido.
En lo personal rechazo el
uso del vocablo objetividad para tratar de explicar o hacer referencia a
la imparcialidad.
Un comunicador o
periodista, es y debe ser imparcial. Tiene que transmitir fielmente los diferentes
aspectos que encierra un hecho noticioso, debe consultar y hacerse eco de las
diferentes expresiones y opiniones de las diversas fuentes.
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| Escribir la verdad |
Hasta aquí todo
perfecto. Ahora, sí viene lo bueno.
El periodista, es un ser
humano, sí el periodista siente y padece, el periodista se lamenta, llora, ríe,
se emociona, se entristece, celebra los éxitos y se amaga frente a las
derrotas. En pocas palabras el periodista vive, y por lo consiguiente, como el
resto de los seres vivos, es plenamente subjetivo.
Sus percepciones, sus
emociones, sus expresiones psicológica se harán evidentes en su deseo de
informar, incluso sus preferencias, inclinaciones y hasta el estado de ánimo.
¿Entonces? Como pedirle
a un ser subjetivo que sea objetivo. El redactor de un periódico, revista,
televisora o estación de radio es un ser humano, y como tal posee
características que lo diferencia de una máquina.
Si deseamos plena y
completa objetividad, en ese caso deben ser las máquinas las que efectúe el
periodismo, de lo contrario siempre existirá el subjetivismo humano expresándose
en el quehacer de ésta, como de cualquier otra profesión.
Cuando un editor o jefe
de redacción decide que va en primera página, o cuando un reportero evalúa y
jerarquiza una información determinando con qué titulará la nota, colocará en
sumario y antetítulo, en ese momento actúa la subjetividad de la labor periodística.
Otro de los puntos que debemos
abordar es la acción de los “no periodistas”.
Siempre he sido un duro
crítico de los seudo-periodistas. De aquellos que irresponsablemente toman un
micrófono y se creen profesionales del periodismo.
Frente a ellos, el
gremio de comunicadores sociales tiene que salir para detener la creciente
prostitución de nuestra profesión.
Un comunicador social no
puede ser cualquiera. No puede permitirse que alguien que pueda pagar un
espacio en radio o televisión se crea con los mismos derechos que aquellos que
se han formado académicamente para el buen ejercicio de una profesión tan
noble.
Por último, también
quisiera hacer referencia a la figura del periodista como investigador.
Sabemos que el día a día
en ocasiones cercena el derecho y la capacidad para la creación, pero el buen
periodista de calle tiene que tener la
visión clara y la mente despierta para hacer uno de los más grandiosos trabajos
del periodismo libre: La Investigación.
¡Comunícate y hazlo
bien!


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