Rincón del Gurú-. A veces
nos tenemos que detener en el camino y preguntarnos ¿qué debemos comunicar? Y ¿Qué
debemos decir y cuándo decirlo?
Sin duda, el Gobierno de
Venezuela ha siempre sobresalido por su capacidad de comunicar. Al principio
esta facultad era inherente y exclusiva de Hugo Chávez que, alejando
prejuicios, fue un gran comunicador, a tal punto que “enamoró” a la mayoría de
los venezolanos en su momento.
No obstante, con el paso del
tiempo y la madurez de los socialistas en el poder. La facultad de comunicar
mutó en hegemonía comunicacional y en técnicas más agudas de manipulación.
Durante años la receta
funcionó. Muchos venezolanos seguían
votando por esa opción y allende a las fronteras del país llanero mucho
extranjeros veían hasta con simpatías lo que ocurría en el país.
Este éxito los cejó. Sí, cuando
la historia ha cambiado y las consecuencias de sus políticas dibujaron una
realidad totalmente diferente se empeñaron en seguir comunicando lo mismo.
El régimen de Nicolás Maduro se
empeña en negar la crisis humanitaria, sigue buscando culpables de sus propios
fiascos en los mismos de siempre: el Imperio y la Derecha.
Aunque una de las fórmulas de la
comunicación es “repetir y repetir”, esto tiene su límite. Y ese límite fue rebasado
por el Gobierno venezolano.
Cuando repetimos sin cesar un
mensaje, se puede convertir en verdad. Si después de convertido en una verdad
hacemos abuso de éste, empezamos a limar desde adentro su propio peso e impacto
en las sociedades que los reciben y perciben.
Y, esto se agudiza, cuando la
población vive algo diferente al mensaje. Cuando nace un ruido comunicacional
entre los que decimos y hacemos, seguir con el mismo discurso es arar en el
mar, y quien se verá afectado es la reputación y credibilidad del emisor.
Justo esto es lo que ha pasado
con la estructura comunicacional del régimen venezolano. Lo que fue una verdad
irrefutable por mucho tiempo fue pulverizado por el mismo modelo al
desprestigiarse así mismo con sus acciones.
Caso parecido lo estamos observan
en Nicaragua, donde ni siquiera el cerco comunicacional del gobierno de Daniel
Ortega ha impedido que la verdad de lo que ocurre en la nación centroamericana
salga a la luz pública.
Cuando comunicamos debemos
sopesar constantemente el alcance de nuestros mensajes, analizar el impacto de
los mismos y su alcance real. No hacerlo es pecar de ingenuos.
¡Comunícate y hazlo bien!
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