Rincón del Gurú-. Cuando
diseñamos un mensaje político tenemos que evaluar la cultura del pueblo al cual
está dirigido. Debemos analizar los valores, creencias y estereotipos
construidos por la siquis colectiva y cómo todos los integrantes de ese
universo suelen interactuar con los diversos estímulos.
Como consultores de comunicación
política debemos saber qué significa ser un ciudadano de cada nación. Qué lleva
a los brasileños a votar por Lula Da Silva y ahora decantarse por un líder de
derechas; debemos reflexionar sobre los motivos que impulsan a un pueblo a
votar por tal o cual aspirante.
Ahora, nos preguntamos: ¿Por qué
tuvo éxito el discurso nacionalista de Donald Trump? Porque el mismo fue
enfocado a un segmento de la población de los Estados Unidos y proyectó los más
profundos deseos de millones de personas; el actual presidente de los Estados
Unidos le habló a la comunidad blanca, evangélica y conservadora de aquella
nación y ésta lo escuchó y le votó.
El actual residente de la Casa
Blanca no inventó el "anti-mejicanismo" este existía con antelación,
Trump simplemente se hizo eco de este sentimiento colectivo y lo explotó
magistralmente. Hizo lo mismo que Hitler en Alemania o de Gandhi en la India.
Y, ¿por qué ganó Andrés Manuel
López Obrador? Porque siempre condujo la opinión de los electorados, en
anteriores campañas sus oponentes dominaron el debate público imponiendo el
tema a discutir ante los mexicanos, en cambio en esta ocasión fue él quien
marcó la agenda comunicacional y política.
El presidente electo de México
centró toda su propuesta política y electoral en el debate contra la
corrupción, y se cansó de acusar a los candidatos del PRI y del PAN de ser
cómplices de la red corrupta y corruptora que existen en la nación del norte
del continente. Pero, ¿esta acusación fue inventada por AMLO y su equipo?
Obviamente que no, todo mexicano sabe que la corrupción es cotidiana en esa
república.
Uno de los caminos al triunfo es
saber oír a la población, conocer sus inclinaciones, sus esperanzas y deseos. Y
para esto debemos adentrarnos en la cultura popular, evaluar que les gusta y
qué no, entender de donde vienen sus inclinaciones sociales y que rasgos los
hacen diferentes a otros pueblos.
Debemos definir los porqué los
chilenos toman vino y los venezolanos ron, establecer las razones que llevan a
los colombianos a consumir café, a los argentinos a libar mate y a los ingleses
a degustar sus famosas tazas de té. Sopesar los motivos que llevan a los
italianos a mantener lazos familiares extensos y a los españoles a mantener su
actitud menos laboriosa que sus pares alemanes.
La cultura es el centro que hace
girar las sociedades, y cuando elaboramos mensajes basados en estos valores y
en este eje de rotación, podemos engranar las ideas con las acciones de ese
pueblo objetivo de nuestra estrategia comunicacional.
Si un candidato logra canalizar
los elementos socioculturales y los sintetiza en una frase de campaña como
"Hacer grande América otra vez" tenga por seguro que será un opción
con unas elevadas probabilidades de ganar las elecciones. En otras palabras, el
mejor candidato es aquel se parece a sus electores.
Al momento en que el candidato
sea el reflejo cultural del pueblo, cuando el abanderado se convierta en el
anhelo de su autoimagen futura, entonces la elección estará en el bolsillo del
equipo que logre esa hazaña política y electoral. De lo contrario el camino
será igual de pedregoso que siempre.
La cultura es lo que somos como
pueblo, las características que hacen a los franceses lo que son y a los
italianos lo que siempre ha sido desde los tiempos previos a la República
Romana. La cultura es la unión de la consciencia histórica y social de los
pueblos, es la unión de lo que somos y lo que queremos ser como sociedad.
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