martes, 31 de julio de 2018

Cultura y comunicación


Rincón del Gurú-. Cuando diseñamos un mensaje político tenemos que evaluar la cultura del pueblo al cual está dirigido. Debemos analizar los valores, creencias y estereotipos construidos por la siquis colectiva y cómo todos los integrantes de ese universo suelen interactuar con los diversos estímulos.

Como consultores de comunicación política debemos saber qué significa ser un ciudadano de cada nación. Qué lleva a los brasileños a votar por Lula Da Silva y ahora decantarse por un líder de derechas; debemos reflexionar sobre los motivos que impulsan a un pueblo a votar por tal o cual aspirante.

Ahora, nos preguntamos: ¿Por qué tuvo éxito el discurso nacionalista de Donald Trump? Porque el mismo fue enfocado a un segmento de la población de los Estados Unidos y proyectó los más profundos deseos de millones de personas; el actual presidente de los Estados Unidos le habló a la comunidad blanca, evangélica y conservadora de aquella nación y ésta lo escuchó y le votó.

El actual residente de la Casa Blanca no inventó el "anti-mejicanismo" este existía con antelación, Trump simplemente se hizo eco de este sentimiento colectivo y lo explotó magistralmente. Hizo lo mismo que Hitler en Alemania o de Gandhi en la India.

Y, ¿por qué ganó Andrés Manuel López Obrador? Porque siempre condujo la opinión de los electorados, en anteriores campañas sus oponentes dominaron el debate público imponiendo el tema a discutir ante los mexicanos, en cambio en esta ocasión fue él quien marcó la agenda comunicacional y política.

El presidente electo de México centró toda su propuesta política y electoral en el debate contra la corrupción, y se cansó de acusar a los candidatos del PRI y del PAN de ser cómplices de la red corrupta y corruptora que existen en la nación del norte del continente. Pero, ¿esta acusación fue inventada por AMLO y su equipo? Obviamente que no, todo mexicano sabe que la corrupción es cotidiana en esa república.

Uno de los caminos al triunfo es saber oír a la población, conocer sus inclinaciones, sus esperanzas y deseos. Y para esto debemos adentrarnos en la cultura popular, evaluar que les gusta y qué no, entender de donde vienen sus inclinaciones sociales y que rasgos los hacen diferentes a otros pueblos.

Debemos definir los porqué los chilenos toman vino y los venezolanos ron, establecer las razones que llevan a los colombianos a consumir café, a los argentinos a libar mate y a los ingleses a degustar sus famosas tazas de té. Sopesar los motivos que llevan a los italianos a mantener lazos familiares extensos y a los españoles a mantener su actitud menos laboriosa que sus pares alemanes.

La cultura es el centro que hace girar las sociedades, y cuando elaboramos mensajes basados en estos valores y en este eje de rotación, podemos engranar las ideas con las acciones de ese pueblo objetivo de nuestra estrategia comunicacional.

Si un candidato logra canalizar los elementos socioculturales y los sintetiza en una frase de campaña como "Hacer grande América otra vez" tenga por seguro que será un opción con unas elevadas probabilidades de ganar las elecciones. En otras palabras, el mejor candidato es aquel se parece a sus electores.

Al momento en que el candidato sea el reflejo cultural del pueblo, cuando el abanderado se convierta en el anhelo de su autoimagen futura, entonces la elección estará en el bolsillo del equipo que logre esa hazaña política y electoral. De lo contrario el camino será igual de pedregoso que siempre.

La cultura es lo que somos como pueblo, las características que hacen a los franceses lo que son y a los italianos lo que siempre ha sido desde los tiempos previos a la República Romana. La cultura es la unión de la consciencia histórica y social de los pueblos, es la unión de lo que somos y lo que queremos ser como sociedad.


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