Por José Dionisio Solórzano
Rincón del Gurú-. Las sociedades modernas viven en una constante
ansiedad, están llenas de información y vacías de expectativas; es un círculo
permanente que se mueve hacia la nada, que gira dando vueltas en torno al mismo
dilema.
Frente a esta realidad, el mensaje político puede ser parte de la rueda
o ser el paso hacia el recorrido hacia nuevas esperanzas y un entendimiento
diferente del ambiente que nos rodea e impulsor de acciones concretas.
Por lo general, las organizaciones del status quo y los liderazgos
políticos se aferran a seguir multiplicando mensajes en torno a la causante de
la ansiedad colectiva. Es decir, hablan del problema de la crisis humanitaria,
en el caso venezolano, o persisten en profundizar más sobre el debate sobre la
crisis social en Chile o la legitimidad o no de las elecciones en Bolivia.
Cuando la organización o el líder político se estanca en simplemente
marcar posición con relación a debates extendidos, pierde originalidad, es
presa de la opinión pública dominante y su mensaje se perderá en la vorágine de
papel periódico, trinos de Twitter, post de Facebook o comentarios de radio.
En cambio, cuando se opta por romper la línea de opinión dominante;
cuando se decide estructurar un mensaje enfocado en esperanzas, soluciones y
acciones concretas, la población verá en el emisor de este discurso a un
representante de una opción válida, diferente y salvadora.
Sí, un líder que quiera emerger debe elaborar una propuesta, pero frente
a un enemigo creador de todo mal y al cual se le debe vencer, debe crear una
narrativa que sostenga sus ideas y planteamientos; debe dejar de hablar del
problema y referirse al origen de éste y a cómo solucionarlo.
Y no estoy hablando de ninguna novedad, para nada. Es el viejo truco que
funcionó tan bien en la década del 1930 y llevó a Adolf Hitler al poder en una
Alemania angustiada, llena de ansiedad y frustraciones luego de una derrota
militar, el fracaso de la democracia occidental y en medio de una terrible
inflación.
El líder emergente en aquella ansiosa sociedad, dijo en dos platos que:
"Alemania perdió la guerra por culpa de los traidores socialistas;
Alemania vive una crisis económica por culpa de los socialistas... Y el
socialismo fue creado por un judío, y es el arma al servicio de aquellos que
quieren ver destruida la cultura germánica".
Así de sencillo. Para quien fuese canciller de Alemania el enemigo era
uno solo: Los judíos. Y la solución era sencilla: una revolución
nacional-socialistas que salvara a la nación de sus enemigos, que rescatara la
economía alemana y cumpliera con el
destino superior de la nación aria.
¡Oh! Sorpresa... Esta receta la han calcado en diferentes momentos y por
diversos actores de corrientes ideológicas tan variadas como el Hugo Chávez de la
Venezuela de 1999 o como Donald Trump en los Estados Unidos del 2016.
Una sociedad ansiosa y angustiada busca respiro, está desesperada por
soluciones. Y si solo hablas del problema, sin presentar caminos o vías de
escape entonces tú, como dirigente político, formas parte del ambiente hostil
que ese elector quiere superar.
América Latina es un territorio de ansiedad, inclusive sus sociedades
más estables han entrado en un clima de inconformidad, rechazo y desorientación
que pudiera ser el escenario para que un líder con condiciones, con un mensaje adecuado
y un discurso certero, pueda irrumpir y hacerse con el poder.
La ansiedad en un punto paraliza a la sociedad y en el otro hace que
tome medidas drásticas, es como alguien que se ahoga y lanza patadas y
manotazos con la esperanza de aferrarse a algo o llegar hasta la orilla, y es
en este nivel que cualquiera pueda aprovecharse del desespero de la ciudadanía.
Aprende a reconocer el estado de ánimo del colectivo, aprende a saber tu
posición ante la Opinión Publica y empieza a conocer cómo presentar un discurso
que sea efectivo y que no redunde en la repetición del problema sin solución.
¡Comunícate y hazlo bien!
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