José Dionisio Solórzano
Rincón del Gurú-. ¡Oh Chile! ¿Dónde te encuentras? Tu democracia
había nacido luego de una larga dictadura y después del desastre político,
económico y social que significó el experimento, gracias a Dios fallido, del
régimen de Salvador Allende.
Luego de una hegemonía de la Concertación que incluida a demócratas
cristianos, socialistas y socialdemócratas, empezó un período de alternancia en
el poder, siendo los líderes de este proceso Michelle Bachelet por la coalición
multi-tendencia y Sebastián Piñera por los grupos de derecha sobrevivientes al
Pinochetismo.
Primero, negar que la sociedad chilena esté dividida desde los sucesos
del 11 de septiembre de 1973 es una necedad. Los chilenos aman u odian a
Allende, o aman u odian a Pinochet y esta realidad, a pesar del tiempo, se ha
mantenido viva generación tras generación.
La dictadura de Augusto Pinochet fue represiva, dura y firme, sin
embargo creó las condiciones para el desarrollo económico y la estabilidad
financiera que Chile vive en la actualidad. De aquí que hoy en día existan
tantos chilenos que defiendan la memoria del exdictador a quien califican como
un "libertador".
Lo cierto es que la figura del hombre fuerte y de derechas que
aglutinaba a los sectores conservadores de la sociedad pasó del recuerdo del
General Pinochet a la labor política del empresario Sebastián Piñera, quien
logró en dos ocasiones ganarse, a punta de votos, su estadía en el Palacio de
Gobierno de La Moneda.
Sin embargo, luego de la ola de protestas que azotó a Chile el año pasado,
y la actitud por lo menos timorata del presidente Piñera, dejaron un vacío de
liderazgo en la mente colectiva de los sectores de derecha chilenos. Quienes
hace dos años veían a Piñera como su líder, hoy aborrecen su falta de carácter.
La izquierda chilena inició una escalada de protestas que dejaron
ciudades enteras destruidas y propiedades públicas anarquizadas. Estos hechos
fueron calificados como "intolerables" por sectores medios de la
sociedad chilena que esperaban una respuesta enérgica por parte del Presidente
de la República, la cual nunca llegó.
Sebastián Piñera, reo del "qué dirán", optó por atarle las
manos legalmente a los carabineros de Chile, decidió tratar de tranquilizar el
ambiente con lo cual los movimientos de izquierda se anotaron un triunfo y se
alzó el desánimo entre la derecha chilena, abriéndose un boquete de liderazgo
en este sector social de aquella nación austral.
¿Qué pasará ahora? Del bando de la izquierda, ese movimiento social de
turba agresiva no pareciera tener una cabeza visible o alguien que capitalice
políticamente los resultado de las protestas, del otro vemos un Sebastián
Piñera que dejó de ocupar el puesto que históricamente ocupaba, dejando a su
paso una profunda frustración entre sus seguidores.
Ahora bien, esto me permite pensar que el nuevo líder de la derecha
chilena será José Antonio Kast, un dirigente que se ha caracterizado por sus
posiciones firmes en materia política, social y económica, que ha ganado
titulares por su rechazo al matrimonio homosexual, su repudio al aborto, su
oposición a la adopción para parejas del mismo sexo y otros temas igual de
polémicos.
Kast fue precandidato a la presidencia de la república, pero al final
decidió apoyar a Piñera, acción lógica debido a que éste representaba la mayor
opción de triunfo electoral. Sin embargo su respaldo electoral no fue un apoyo
para gobierno y, por ende, ha mantenido una voz relativamente independiente
ante diversos temas.
Ante el desplome de Piñera, y si Kast mueve bien sus piezas en el tablero,
éste logrará llenar el vacío que dejó quien se encuentra en La Moneda y
convertirse en la primera, y tal vez única, opción de la derecha para seguir en
el poder en un Chile que parecía estar curada de los males del extremismo de
izquierda.
A todas estas se tendrá que esperar lo que hagan los partidos de
centro-izquierda y la decisión que tome el Partido Demócrata Cristiano de Chile
sobre su nivel de participación y protagonismo en las venideras contiendas
comiciales que se vislumbran en el firmamento.
La arena política chilena está lista para una nueva realidad, donde la
necesidad de nuevos actores explota en el rostro de más de un viejo dirigente
de la casta política de aquel país. Y la amenaza de un izquierdismo radical
como el de Allende, Chávez o Morales está al acecho para tomarse para así una
de las naciones de mayor desarrollo de América Latina.
¡Comunícate y hazlo bien!
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