Por José Dionisio Solórzano
Los sectores progresistas del continente americano lucen emocionados
ante la posibilidad del triunfo de Joe Biden como presidente de los Estados
Unidos, bueno permítanme ser un aguafiestas y decirles que la cosa no le será
tan fácil para el candidato del Partido Demócrata.
El señor Biden ha dado innumerables demostraciones de su incapacidad al
comunicar; sus recurrentes vacíos, sus silencios prolongados, hasta el balbuceo
de ideas o conceptos, lo hacen una presa sencilla para un halcón del verbo como
es el actual presidente Donald Trump.
A pesar que hace unos meses algunas encuestadoras le daban al señor
Biden unos 8 puntos por encima de su contendor, sin embargo esta diferencia se
estrechó enormemente luego de las convenciones demócrata y republicana y el
reposicionamiento del abanderado del partido del elefante.
Ahora bien, ¿por qué Biden bajó tanto en tan poco tiempo? La respuesta
es sencilla, primero su ascenso no se debió a su carácter, a su carisma o a una
adecuada estrategia de comunicación política sino a las consecuencias de
factores externos, en este caso a los efectos sociales y económicos de la
pandemia del Covid-19 y las fallas comunicacionales de la Casa Blanca.
Es decir, su crecimiento no puede definirse como un factor controlable y
por tal sentido al recuperarse Donald Trump era de esperarse un bajón en la
intención de voto del aspirante a presidente por el partido del burro. No
obstante, esto no es el mayor escollo para los demócratas sino que éste será la
realización de los debates presidenciales.
Como lo hemos dicho, Biden no es el mejor orador, ni es el mejor
polemista, ni siquiera puede ser calificado como un argumentador de peso. Quien
fuese el vicepresidente de Barack Obama es un personaje gris e insípido, con
dirían en mi pueblo es un «huevo sin sal». Es tan mal candidato como lo fue el
también exvicepresidente de EEUU, Al Gore, quien perdió la presidencia delante
de George W. Bush.
Imagínense este escenario: Un Donald Trump argumentativo, fluido,
sarcástico y dominando la escena (así como lo hizo en los debates republicanos
del 2016 donde desplazó a aventajados políticos como Jeb Bush, Ted Cruz, y otros)
versus a un Joe Biden dubitativo, incoherente, poco afable y sobre todo
disperso en sus ideas, planteamientos y tesis políticas.
En este punto, para decir lo menos, los estrategas demócratas tendrán
que optimizar sus acciones, pues estarían en un callejón sin salida. Y es que,
por un lado, acudir a los debates sería terrible para un Biden que lleva las de
perder, como en su momento perdió Hillary Clinton los careos contra el magnate
del cabello rebelde.
La otra alternativa es el de rehusarse a debatir, lo que fácilmente será
interpretado por los norteamericanos como un acto de imperdonable cobardía. En
pocas palabras, de definirse estos escenarios, el Comando de Campaña demócrata
estaría en grandes problemas y a un paso más cerca de la debacle electoral.
Amanecerá y veremos, lo cierto es que los eufóricos profetas anti-Trump
deben bajar la guardia, y esconder por ahora las esquelas que ya tenían
preparadas para él, para ellos tan ansioso, adiós de Donald Trump de la vida
pública estadounidense.
¡Comunícate y hazlo bien!
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