Por José Dionisio Solórzano
Rincón del Gurú-. La humanización de nuestra marca en las redes sociales
es indispensable para optimizar la relación emocional con la comunidad que nos
sigue. No solo debemos exponer contenido como si se tratase de una vitrina de
exhibición.
Cuando de una marca política se
trata, debemos exponer el lado humano, cotidiano y personal de la figura
pública. Las personas votan por otras personas y no por objetos sin
sentimientos.
Partamos del principio «votamos
por emociones y no por razones»; es decir, el voto siempre ha sido una acción
plenamente emocional, por ende, los contenidos en redes sociales deben tener su
ingrediente emocional y empático.
Por ejemplo, cuando observamos a
un Barack Obama riéndose a carcajada con su esposa, él está siendo humano;
cuando vemos a un Donald Trump con el más pequeño de sus hijos sentados en la
Oficina Oval está humanizando su marca. El primero refuerza aquello del «tipo
fresco, cordial, feliz» y el segundo nos dice «¡Epa! Soy un tipo duro, y
también amo a mi familia».
La humanización es fundamental,
no podemos permitir que la cuenta Instagram o Facebook de nuestro asesorado se
convierta en un portal de noticias o una especie programa de opinión donde él
sea el único y permanente invitado. Debemos darle calor, colores y vida a sus
cuentas.
Las redes sociales Facebook e
Instagram, y tal vez bajo un esquema de trabajo bien pensando para TikTok,
podemos realizar una excelente labor de humanización de la marca. Y — ¿en qué
nos ayudará esto? — Primero, aumentará el número de interacciones, incrementará
el tráfico en la cuenta y lo más importante de todo generará vínculos con ese
público y/o comunidad que debemos impulsar para que nos vote.
Los líderes políticos, por más
fuertes y rudos que sean — caso Jair Bolsonaro, por ejemplo — siguen siendo seres
humanos y tienen que proyectar esta realidad sin temor y bajo el estricto
esquema táctico de contenidos y del mapa de acción estratégica en el orden
político.
He aquí un punto importante, no
podemos exagerar con la humanización, ya que podemos dañar el concepto previo
que los públicos tienen de nuestro asesorado.
No es lo mismo la humanización de
un irreverente político de derechas como Nayib Bukele de El Salvador al de un
derechista conservador chileno como Sebastián Piñera; no es lo mismo la imagen
serena de un izquierdista como Alberto Fernández, en Argentina, como la
paternal y rebelde personalidad de un «Pepe» Mújica en Uruguay.
A cada quien lo que necesita, a
cada quien lo que le es conveniente.
Otra cosa vital es no tener
miedo, aún en la actualidad existen políticos que le tienen pánico al «qué
dirán», a ellos hay que educarlos, orientarlos y explicarle los beneficios de
la humanización.
Si en tus redes sociales vendes
pura racionalidad, tendrás un voto racionalizado, pensando y poco entusiasmado;
si en cambio generas valor, humanizas, creas empatía y vínculos, tendrás un
caudal de votos emocionales, simpatizantes «cautivados» por lo que representas
y motivados a votar.
¡Comunícate y hazlo bien!
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