Por José Dionisio Solórzano
Laboratorio de Ideas-. Nicolás Maduro sentado frente a las cámaras
de televisión; el escenario estratégicamente diseñado y dispuesto.
Banderas, paisaje de fondo, alguna alusión
a la figura de Hugo Chávez – en ocasiones ya pasada a segundo plano – y ahora,
en la vanguardia, allí donde todo el mundo los vea y flanqueando al mandatario,
las figuras del Dr. José Gregorio Hernández.
Sí, el gobierno socialista de
Maduro busca arroparse bajo la aureola de santidad que está a punto de coronar
al médico convertido en venerable y beato. Y en Miraflores no pierden el tiempo
y emplea su imagen dentro de su narrativa comunicacional.
Esa vieja devoción venezolana, que
está por finiquitar su encumbramiento a los altares de la Iglesia Católica, es
introducida en el esquema de comunicaciones del Gobierno nacional;
adecuadamente estudiando – impacto, momento, presentación y empleo – desde los
equipos de comunicación del Gobierno desarrollan esta acción táctica con el
propósito de incidir en la psiquis de millones de venezolanos que son fieles
del beato médico.
Los asesores del gobierno
venezolano pretenden «beatificar la política» de Nicolás Maduro, uniendo
icónica y semánticamente las políticas gubernamentales con la figura del
próximo Santo católico, generando – o pretendieron generar – un incremento
empático con la imagen del presidente venezolano.
La estrategia es empleada en un
momento preciso, es decir, durante la Pandemia. La necesidad de un milagro, de
la intervención Divina y de la ayuda de
José Gregorio Hernández pudiera ser parte del imaginario que buscan construir
desde los laboratorios de comunicación que acompañan al presidente Maduro.
Desde el punto de vista
técnico-comunicacional la jugada es altamente atinada, ya que la están
acompañando como un elemento tangible, las llamadas «gotas milagrosas», es
decir la presentación de un supuesto fármaco, hecho por científicos
venezolanos, denominado Carvativir, una especie de antiviral creado para «todo
uso y para todo momento».
En medio de la desesperación de
una población ávida de soluciones y de respuestas, la avocación de la figura
del «médico de los pobres» - como es llamado José Gregorio Hernández – y un
medicamento milagroso, puede repercutir en el ánimo de muchísimos venezolanos
que ansían caminos de salvación.
El Gobierno de Nicolás Maduro – y
esto es reconocido por propios y por extraños – no da puntada sin dedal, y
menos en el tema comunicacional. Montarse en la ola de santidad de un
venezolano admirado, respetado y venerado por millones de ciudadanos, es una
iniciativa que se debe reconocer, pues la misma – ya sea en menor o mayor
medida – tendrá una repercusión positiva con relación a la imagen del Gobierno.
Sin embargo, esto no implica que
Maduro podrá superar los elevadísimos niveles de rechazo que oscilan por encima del 80% de la Opinión Pública
venezolano, lo que indicará es un reforzamiento en ese 20% que aún lo sigue, es
decir, solidificará – o pudiera hacerlo – su piso político, lo cual es muy
positivo para un liderazgo agotado, disminuido, pero aún en el uso del poder.
El otro aspecto que lo beneficia
es que, en la acera de enfrente, no existen contrapesos o mensajes estratégicos
que lo contrarresten, ya que en el equipo de Juan Guaidó cada vez es menos
fuerte la construcción de sus mensajes y el impacto en el sentimiento nacional.
¡Comunícate y hazlo bien!
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