Rincón del Gurú-.
Vamos analizar rápidamente dos discursos políticos y la repercusión de éstos en
sus respectivas sociedades.
Iniciemos con Donald
Trump y sus duras posturas contra los inmigrantes mexicanos.
Este multimillonario, quien
se postuló en las primarias republicanas en busca de la nominación presidencial
del partido del elefante, en medio de su lanzamiento esbozó un discurso
agresivo donde enumeró lo que calificó el “caos de la inmigración ilegal
mexicana”.
Luego de estas
declaraciones hubo una tormenta aguda de reacciones. Una serie de actores comentarista
de TV, artistas y cantantes esgrimieron su rechazo ante los calificativos de
Trump, hasta el mismo gobierno de México elevó una nota de protesta.
No obstante, cuando
llegaron los primeros números de varias encuestadoras de los Estados Unidos,
ubicaron al magnate detrás del ex gobernador de Florida e integrante de una de
las familias políticas de mayor tradición en los EEUU, Jeb Bush.
Esto indica que las
palabras de Trump si tuvieron un eco, más allá del escándalo de los latinos
influyentes que residen o no en los Estados Unidos. El empresario
norteamericano le habló a un sector tradicionalista de USA y éstos lo
escucharon y lo empezaron a apoyar.
Además, el radicalismo
de Trump ante la inmigración ilegal es una estrategia que busca diferenciarlo
del representante republicano y también aspirante por la nominación, Marco
Rubio, de origen latinoamericano y de Jeb Bush, quien a pesar de ser parte del
abolengo político norteamericano, es casado con una mexicana inmigrante.
El empresario le está
hablando a ese norteamericano que se siente aprisionado, minimizado, que añora
los tiempos viejos de la hegemonía blanca en el quehacer público de los EEUU.
Mas él no está rechazando
el apoyo de los latinos, por el contrario el aspirante del partido rojo lanza
puentes a la comunidad latinoamericana residentes en los EEUU y precisa que “los
latinos legales votarán por mí, porque mucho trabajan conmigo, los quiero y
ellos me quieren”.
Esta campaña apenas está
iniciando, aún faltan muchos detalles que concretar. Por su parte Hilary
Clinton, la favorita de las precandidatos del bando Demócrata, busca fortalecer
su apego a la comunidad latina atacando a Trump y a todos los republicanos.
Ahora bien, el otro caso
que abordaremos es el discurso nacionalista de Nicolás Maduro alrededor de la
agudización de las relaciones diplomáticas entre Venezuela y Guyana en torno al
caso del Esequibo.
Hemos visto que el Jefe
de Estado venezolano, emprendió una campaña mediática de nacionalismo centrada
en la frase “El Esequibo es Venezuela” con lo cual el mandatario busca
aglutinar a toda la sociedad, o a una parte de ella a su alrededor, empujado
por una ola de patriotismo.
Desde Miraflores quieren
repetir la exitosa táctica del “Dakazo”, evento pre-electoral que movió a la
sociedad para apoyar a los candidatos del Gobierno, y a la menos efectiva
campaña de “Obama deroga el decreto ya”, con relación a la firma de una
resolución gringa que ponderaba a Venezuela como una amenaza.
Aunque la estrategia
oficial está clara y la intención comunicacional es evidente, pareciera que los
esfuerzos serán infructuosos, debido a que al inicio de la alternación de las
relaciones bilaterales, por las decisiones unilaterales de Guyana, fueron repudiadas
en una primera instancia por los dirigentes de la oposición, especialmente María
Corina Machado.
Las críticas con
relación a la pasividad del Gobierno venezolano sobre el tema del Esequibo, la
tardanza del Ejecutivo para emitir una respuesta, y la carencia por más de 15
años de una política coherente sobre el tema, imposibilita al Gobierno y a
Nicolás Maduro articular una política comunicacional efectiva.
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