lunes, 31 de agosto de 2015

¿Cuándo la distracción falla?

Rincón del Gurú-. La distracción siempre ha sido una buena estrategia en comunicación política, generalmente relacionada con el ejercicio del Gobierno.

Es una táctica empleada para que los factores de pululan en la opinión pública volteen su mirada justamente hacia el punto donde no esté el peligro.

Esta técnica ha sido empleada recurrentemente por el Gobierno venezolano, hasta su agotamiento completo.
Todo al usarse en demasía pierde su efectividad. Se agota, se corroe.

Así sucedió con la táctica de la distracción con el actual sistema político imperante en Venezuela.

En lo que va de año el Gobierno venezolano ha tratado de distraer la atención pública de los temas neurálgicos como son la escasez, el alto costo de la vida y la inseguridad.

Primero, fue el “Obama Deroga el Decreto Ya” y la supuesta invasión gringa que se estaba planificando en los Estados Unidos para derribar a Nicolás Maduro, el efecto no fue el esperado.

Posteriormente, los voceros del madurismo emprendieron una campaña contra el Presidente de Gobierno español, Mariano Raloy, y el resultado fue mínimo, casi insignificante.

Decidieron crear una crisis aún mayor con el tema de reclamo del Esequibo, territorio que justamente la administración  de Chávez prácticamente entregó a Guyana a cambio de los votos de la Comunidad del Caribe (Caricom) en la Organización de Estados Americanos.

El resultado fue aún peor que los anteriores, las críticas al Gobierno nacional e internacionalmente se acrecentaron. Tuvieron que recular.

Más recientemente se creó, a través del Decreto de cierre de frontera y el de Estado de Excepción una nueva situación compleja con Colombia, la cual está en marcha en este momento.

Este cronograma de sucesos describe la intencionalidad del oficialismo venezolano de crear noticias y hechos que distraigan la mirada de los venezolanos con relación a los temas que política y electoralmente más afectan al sistema.

Pero, lo que acontece es que el uso desmedido y poco coherente en los últimos siete meses ha hecho que la efectividad de la táctica cada vez sea más insignificante.

¿Entonces? ¿Qué hacer cuando la distracción falla? Se deben reinventar la estrategia desde un principio. Desde el punto comunicacional y estratégico, el madurismo se está quedando sin argumentos y sin métodos.

La extenuación del poder de influencia del oficialismo se evidencia en la caída de los índices de aceptación del Gobierno, el partido oficial y de la figura presidencial.

Los medios de comunicación del Estado, que integran la llamada “hegemonía comunicacional” poseen un nivel de credibilidad menor al 40%, mientras que los Privados superan el 60%.

La realidad comunicacional cada vez es más estrecha para un modelo político que empleó todas las técnicas de la manipulación, lo que le permitió mantenerse 16 años en el poder, aunque ahora están viviendo su escasez de medios político-comunicacionales.

Y su peor baja, en este devenir de atropellos y acciones, es la carencia de un buen comunicador, como lo fue el expresidente Chávez, quien poseía innatamente un magnetismo que está totalmente ausente en el perfil de Nicolás Maduro.

¡Comunícate y hazlo bien!


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