Rincón del Gurú-.
La distracción siempre ha sido una buena estrategia en comunicación política,
generalmente relacionada con el ejercicio del Gobierno.
Es una táctica empleada
para que los factores de pululan en la opinión pública volteen su mirada
justamente hacia el punto donde no esté el peligro.
Esta técnica ha sido
empleada recurrentemente por el Gobierno venezolano, hasta su agotamiento
completo.
Todo al usarse en
demasía pierde su efectividad. Se agota, se corroe.
Así sucedió con la
táctica de la distracción con el actual sistema político imperante en
Venezuela.
En lo que va de año el
Gobierno venezolano ha tratado de distraer la atención pública de los temas
neurálgicos como son la escasez, el alto costo de la vida y la inseguridad.
Primero, fue el “Obama
Deroga el Decreto Ya” y la supuesta invasión gringa que se estaba planificando
en los Estados Unidos para derribar a Nicolás Maduro, el efecto no fue el
esperado.
Posteriormente, los
voceros del madurismo emprendieron una campaña contra el Presidente de Gobierno
español, Mariano Raloy, y el resultado fue mínimo, casi insignificante.
Decidieron crear una
crisis aún mayor con el tema de reclamo del Esequibo, territorio que justamente
la administración de Chávez
prácticamente entregó a Guyana a cambio de los votos de la Comunidad del Caribe
(Caricom) en la Organización de Estados Americanos.
El resultado fue aún
peor que los anteriores, las críticas al Gobierno nacional e internacionalmente
se acrecentaron. Tuvieron que recular.
Más recientemente se
creó, a través del Decreto de cierre de frontera y el de Estado de Excepción
una nueva situación compleja con Colombia, la cual está en marcha en este
momento.
Este cronograma de
sucesos describe la intencionalidad del oficialismo venezolano de crear
noticias y hechos que distraigan la mirada de los venezolanos con relación a
los temas que política y electoralmente más afectan al sistema.
Pero, lo que acontece es
que el uso desmedido y poco coherente en los últimos siete meses ha hecho que
la efectividad de la táctica cada vez sea más insignificante.
¿Entonces? ¿Qué hacer
cuando la distracción falla? Se deben reinventar la estrategia desde un principio.
Desde el punto comunicacional y estratégico, el madurismo se está quedando sin
argumentos y sin métodos.
La extenuación del poder
de influencia del oficialismo se evidencia en la caída de los índices de
aceptación del Gobierno, el partido oficial y de la figura presidencial.
Los medios de
comunicación del Estado, que integran la llamada “hegemonía comunicacional”
poseen un nivel de credibilidad menor al 40%, mientras que los Privados superan
el 60%.
La realidad
comunicacional cada vez es más estrecha para un modelo político que empleó
todas las técnicas de la manipulación, lo que le permitió mantenerse 16 años en
el poder, aunque ahora están viviendo su escasez de medios
político-comunicacionales.
Y su peor baja, en este
devenir de atropellos y acciones, es la carencia de un buen comunicador, como
lo fue el expresidente Chávez, quien poseía innatamente un magnetismo que está
totalmente ausente en el perfil de Nicolás Maduro.
¡Comunícate y hazlo
bien!
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