Rincón del Gurú-.
Si esta columna fuese dedicada al mundo culinario en este preciso momento
hablaríamos de la presentación del plato, porque recordemos que los comensales
se cautivan primero con los ojos y después por el paladar.
Si fuese un artículo
destino al mundo de las tablas, dijéramos que para que una obra tenga “pagada”
su ambientación, tanto de la vestimenta de los actores como de los equipos de
utilería, debe ser precisa para sumergir al público en la trama que
desarrollemos.
No obstante, este
espacio no está delicado al mundo del arte de la cocina y tampoco a los asuntos
artísticos, sino que está dedicada a temas políticos y comunicacionales.
Aunque existe
diferencias entre el trabajo del paladar, los guiones y de lo político, también
podemos encontrar algunos puntos en coincidencia y esta semana hablaremos de
uno puntualmente: La puesta en escena.
Sí, la presentación del
candidato es indispensable en la elaboración de la campaña.
Los que decimos a través
de los medios de comunicación, las redes sociales y en la política propagandística
tienen que estar, cual obra de teatro o representación artística, con elementos
visuales que le den ambiente.
Al diseñar una
estrategia de campaña pensamos en los colores de identificarán a nuestro
candidato, en el logo de la campaña, en la música de los jingle y todo lo
demás, y estos estos elementos deben responder al diseño de la estrategia
político-comunicacional.
Si hablamos de una
campaña alegre, dinámica, entretenida, se debería abandonar cualquier
simbolismo oscuro, parco o serio, y a la inversa.
La escena debe siempre
acompañar al candidato. Por ejemplo, la elaboración de la concentración, mitin
o encuentro, debe estar enmarcado en la estrategia, se debe sobresaturar el
ambiente de íconos de campaña que refuercen el mensaje del líder u orador.
La puesta en escena
envuelve a los presentes de un acto. Los entusiasma, los recarga de información
y los ayuda a asimilar los principios programáticos y las propuestas de nuestro
candidato.
Si carecemos de una
política coherente en el aspecto político
de seguro los elementos visuales de la campaña no surtirán efecto, si éstos no
está acorde a una visión táctica de la campaña, pueden despertar la percepción
errónea o una respuesta no deseada entre los electores. Debemos ser muy
cuidadoso al trabajar con el simbolismo.
Por ejemplo, en las
últimas elecciones presidenciales de Venezuela el actual presidente de la
República, quien fue un candidato que inició con una amplia ventaja y decreció
asombrosamente, empleó su bigote como elemento representativo, mientras su
oponente reforzó la “gorra tricolor”, con los colores de la bandera, como ícono
político.
Las actividades públicas
de Adolf Hitler, durante el Tercer Reich, eran representaciones pulcras, bien
cuidadas de la estrategia comunicacional, llevadas adelante con tino: las esvásticas
ondeaban altas, el símbolo del águila era imponente, los himnos se cantaban con
precisión, y los grupos paramilitares marchaban en medio de un espectacular y
sincrónico paso de la oca. Todo esto le daba una sensación de fuerza y
“enamoraba” al auditorio.
Por eso nunca olvides
prestar mucha atención a la puesta en escena de tu candidato, es una pieza
fundamental en el camino hacia el triunfo.
¡Comunícate y hazlo
bien!
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