lunes, 21 de marzo de 2016

Cuándo el escándalo es estrategia

Rincón del Gurú-.  Ustedes dirán que no dejo de mencionar a Donald Trump en mis artículos de comunicación política, no obstante él es en la realidad actual uno de los mejores ejemplos para explicar y/o debatir varios tópicos de las comunicaciones estratégicas en campañas electorales.

Abordaremos en las siguientes líneas el “escándalo como estrategia”, primero vamos a esbozar los diferentes escándalos que pudieran acaecerse en la vida de un político u organización con fines políticos.
1-. Escándalo moral: Es aquel que se centra en el tópico sexual, como por ejemplo el expresidente de los EEUU Bill Clinton con la becaria de la Casa Blanca,  Arnold Schwarzenegger, exgobernador de California, con una exempleada, o más recientemente el presidente en ejercicio de Bolivia, Evo Morales.

2-. Escándalo gubernamental: Se puede comprender como tráfico de influencia, abuso de poder y/u otros tópicos. Aquí podemos resaltar el famoso caso de Watergate  que hizo renunciar a Richard Nixón a la presidencia de los Estados Unidos, o más recientemente los actos de tráfico de influencia que está enlodando a la figura del expresidente de Brasil, Luis Ignacio “Lula” Da Silva.

3-. Escándalo económico: Corrupción pura y simple, desvío de recursos o ser financiado con recursos provenientes del lavado de dinero o narcotráfico. Podemos recordar la destitución del expresidente venezolano, Carlos Andrés Pérez, por manejo irregular de la llamada “Partida Secreta” o Ernesto Samper quien fue acusado de recibir financiamiento de carteles de la droga en su campaña por la presidencia de Colombia.

4-. Escándalo provocado y/o inducido: Es aquel que se origina gracias a las posiciones o declaraciones públicas del dirigente político o candidato.

Y es en este punto donde deseo detenerme. Donald Trump desde el inicio de su campaña por la nominación del partido Republicano ha venido utilizando magistralmente el escándalo como parte de su estrategia de posicionamiento político.

Sus declaraciones en torno a la propuesta del “Muro” que plantea para separar definitivamente a los Estados Unidos de Norteamérica con México, su ataque a la empresa transnacional “Oreo” por cerrar una de sus fábricas en USA y mudarla a tierras mexicanas, lo que le permitió hacer un llamado a boicotear a la industria de la galletas rellenas.

Su negativa a rechazar formal y enérgicamente el apoyo que grupos del denominado extremismo blanco, por ejemplo el Ku Klux Klan, han hecho en favor de su candidatura.

Así también su retórica destemplada, su gestualidad al estilo Benito Mussolini, han formado parte de un extraordinario diseño de comunicación política que lo ha llevado a imponerse con relativa facilidad en la mayoría de los “caucus” electorales realizados hasta la fecha.

Al emplear el “escándalo como estrategia” Trump ha sido el candidato que ha generado más noticias dentro y fuera de su partido, es quien acumula más centimetraje en la prensa nacional e internacional, es quien suma más minutos en radio y televisión y el único que es constantemente Treding Topics en las Redes Sociales.

Para Donald Trump y su equipo de campaña la estrategia del “escándalo inducido” le ha servido muy, pero muy bien. ¿Será que la estrategia fue develada? ¿Los medios de EEUU no seguirán ayudando involuntariamente a Trump? Veremos.
Y recuerda comunícate y hazlo bien.


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