Rincón del Gurú-.
Ustedes dirán que no dejo de mencionar a
Donald Trump en mis artículos de comunicación política, no obstante él es en la
realidad actual uno de los mejores ejemplos para explicar y/o debatir varios
tópicos de las comunicaciones estratégicas en campañas electorales.
Abordaremos en las
siguientes líneas el “escándalo como estrategia”, primero vamos a esbozar los
diferentes escándalos que pudieran acaecerse en la vida de un político u
organización con fines políticos.
1-. Escándalo moral:
Es aquel que se centra en el tópico sexual, como por ejemplo el expresidente de
los EEUU Bill Clinton con la becaria de la Casa Blanca, Arnold Schwarzenegger, exgobernador de
California, con una exempleada, o más recientemente el presidente en ejercicio
de Bolivia, Evo Morales.
2-. Escándalo
gubernamental: Se puede comprender como tráfico de influencia, abuso de
poder y/u otros tópicos. Aquí podemos resaltar el famoso caso de Watergate que hizo renunciar a Richard Nixón a la
presidencia de los Estados Unidos, o más recientemente los actos de tráfico de
influencia que está enlodando a la figura del expresidente de Brasil, Luis
Ignacio “Lula” Da Silva.
3-. Escándalo
económico: Corrupción pura y simple, desvío de recursos o ser financiado
con recursos provenientes del lavado de dinero o narcotráfico. Podemos recordar
la destitución del expresidente venezolano, Carlos Andrés Pérez, por manejo
irregular de la llamada “Partida Secreta” o Ernesto Samper quien fue acusado de
recibir financiamiento de carteles de la droga en su campaña por la presidencia
de Colombia.
4-. Escándalo provocado
y/o inducido: Es aquel que se origina gracias a las posiciones o
declaraciones públicas del dirigente político o candidato.
Y es en este punto donde
deseo detenerme. Donald Trump desde el inicio de su campaña por la nominación
del partido Republicano ha venido utilizando magistralmente el escándalo como
parte de su estrategia de posicionamiento político.
Sus declaraciones en
torno a la propuesta del “Muro” que plantea para separar definitivamente a los
Estados Unidos de Norteamérica con México, su ataque a la empresa transnacional
“Oreo” por cerrar una de sus fábricas en USA y mudarla a tierras mexicanas, lo
que le permitió hacer un llamado a boicotear a la industria de la galletas
rellenas.
Su negativa a rechazar
formal y enérgicamente el apoyo que grupos del denominado extremismo blanco,
por ejemplo el Ku Klux Klan, han hecho en favor de su candidatura.
Así también su retórica
destemplada, su gestualidad al estilo Benito Mussolini, han formado parte de un
extraordinario diseño de comunicación política que lo ha llevado a imponerse
con relativa facilidad en la mayoría de los “caucus” electorales realizados
hasta la fecha.
Al emplear el “escándalo
como estrategia” Trump ha sido el candidato que ha generado más noticias dentro
y fuera de su partido, es quien acumula más centimetraje en la prensa nacional
e internacional, es quien suma más minutos en radio y televisión y el único que
es constantemente Treding Topics en las Redes Sociales.
Para Donald Trump y su
equipo de campaña la estrategia del “escándalo inducido” le ha servido muy,
pero muy bien. ¿Será que la estrategia fue develada? ¿Los medios de EEUU no
seguirán ayudando involuntariamente a Trump? Veremos.
Y recuerda comunícate y
hazlo bien.
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