Rincón del Gurú-.
El lenguaje, las palabras, los signos
lingüísticos son armas que bien utilizadas moldearán los comportamientos
sociales de toda una nación.
Cuando nos internamos, y
este no será el objetivo de este artículo porque entonces sería una columna demasiado
extensa, en las aguas de la construcción verbal de signos, creencias,
preconcepciones, nos percatamos del poder real que poseen las palabras en la
construcción psicológica de comportamientos e ideas.
Por ejemplo:
Cuando se habla de
machismo y feminismo, se ha creado la figuración que el primero tiene una
connotación negativa, mientras que el segundo, por el contrario, es positivo.
En verdad, ambos representan
dos puntas extremas de un mismo cordón. Si el machismo habla de la supremacía
masculina sobre lo femenino, el feminismo por su lado esboza la superioridad de
éste sobre su contrario.
Lo razonable, cuando de
igualdad de condiciones se trata, es que los “ismo” sean descartados por
representar simplemente extremismos que no permiten el desarrollo de ambos
géneros a la par.
Otro ejemplo pudiera ser
el término: “Homofobia”.
Sin entrar en el terreno psicológico, donde poseo
un criterio muy claro al respecto, nos enfocaremos solamente en la concepción
verbal y etimológica de la palabra.
Cuando nos referimos a
“Homofobia” estamos hablando de “temor a los homosexuales”, en muchas
oportunidades se emplea este vocablo no en su justa dimensión sino como una especie
de sinónimo a “intolerante”.
Este uso es incorrecto,
no obstante se encuentra muy de moda en la palabrería en torno a la ideología
de género.
Otra expresión mal
empleada, aunque popularizada en la jerga política en el mundo occidental, es
el uso de “fascismo” como par de “racismo”.
Es aplicado en frases
como: “tú, eres un fascista que rechazas a los negros”.
¡Error! Ideológicamente
el Fascismo italiano no era racista, desde el punto de vista teórico-conceptual
y doctrinario. Fue su versión alemana, es decir el Nazismo, quien defendía las
ideas de la raza aria y era, salvando las distancias y sin entrar al laberinto
hitleriano de la manipulación del nietzscheanismo, como una aplicación
distorsionada del “Super-hombre” Friedrich Wilhelm Nietzsche.
Generalmente, las
sociedades aplican expresiones, conceptos y palabras que no poseen las
connotaciones reales a las cuales se les da.
En algunas sociedades,
democráticas o no, el empleo de expresiones y calificativos van tomando cuerpo
en la mente de los públicos, creando de ellas nuevas definiciones.
El político, aunque la
mayoría no tengan consciencia de ello, son promotores de ideas en el
subconsciente de sus electores.
Otro ejemplo, está en
Venezuela.
Para los seguidores del
oficialismo venezolano todos los integrantes de la Mesa de la Unidad
Democrática (MUD), plataforma que aglutina a la mayoría de los partidos
disidentes al régimen, son de “derecha”, cuando en verdad es una policromía de
tendencias ideológicas que une a movimientos socialdemócratas, socialistas,
radicales, socialcristianos, democristianos, liberales, nacionalistas, y hasta
de tendencia comunista o de izquierda radical.
¡Entonces! Recuerda,
antes de hablar piensa mejor tus
palabras, éstas puede incidir positiva o negativamente en las concepciones
previas en la mente del elector.
¡Comunícate y hazlo
bien!

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