miércoles, 19 de octubre de 2016

El poder del lenguaje político

Rincón del Gurú-.  El lenguaje, las palabras, los signos lingüísticos son armas que bien utilizadas moldearán los comportamientos sociales de toda una nación.

Cuando nos internamos, y este no será el objetivo de este artículo porque entonces sería una columna demasiado extensa, en las aguas de la construcción verbal de signos, creencias, preconcepciones, nos percatamos del poder real que poseen las palabras en la construcción psicológica de comportamientos e ideas.

Por ejemplo:

Cuando se habla de machismo y feminismo, se ha creado la figuración que el primero tiene una connotación negativa, mientras que el segundo, por el contrario, es positivo.

En verdad, ambos representan dos puntas extremas de un mismo cordón. Si el machismo habla de la supremacía masculina sobre lo femenino, el feminismo por su lado esboza la superioridad de éste sobre su contrario.

Lo razonable, cuando de igualdad de condiciones se trata, es que los “ismo” sean descartados por representar simplemente extremismos que no permiten el desarrollo de ambos géneros a la par.
Otro ejemplo pudiera ser el término: “Homofobia”.

Sin  entrar en el terreno psicológico, donde poseo un criterio muy claro al respecto, nos enfocaremos solamente en la concepción verbal y etimológica de la palabra.

Cuando nos referimos a “Homofobia” estamos hablando de “temor a los homosexuales”, en muchas oportunidades se emplea este vocablo no en su justa dimensión sino como una especie de sinónimo a “intolerante”.

Este uso es incorrecto, no obstante se encuentra muy de moda en la palabrería en torno a la ideología de género.

Otra expresión mal empleada, aunque popularizada en la jerga política en el mundo occidental, es el uso de “fascismo” como par de “racismo”.

Es aplicado en frases como: “tú, eres un fascista que rechazas a los negros”.



¡Error! Ideológicamente el Fascismo italiano no era racista, desde el punto de vista teórico-conceptual y doctrinario. Fue su versión alemana, es decir el Nazismo, quien defendía las ideas de la raza aria y era, salvando las distancias y sin entrar al laberinto hitleriano de la manipulación del nietzscheanismo, como una aplicación distorsionada del “Super-hombre” Friedrich Wilhelm Nietzsche.

Generalmente, las sociedades aplican expresiones, conceptos y palabras que no poseen las connotaciones reales a las cuales se les da.

En algunas sociedades, democráticas o no, el empleo de expresiones y calificativos van tomando cuerpo en la mente de los públicos, creando de ellas nuevas definiciones.

El político, aunque la mayoría no tengan consciencia de ello, son promotores de ideas en el subconsciente de sus electores.

Otro ejemplo, está en Venezuela.

Para los seguidores del oficialismo venezolano todos los integrantes de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), plataforma que aglutina a la mayoría de los partidos disidentes al régimen, son de “derecha”, cuando en verdad es una policromía de tendencias ideológicas que une a movimientos socialdemócratas, socialistas, radicales, socialcristianos, democristianos, liberales, nacionalistas, y hasta de tendencia comunista o de izquierda radical.

¡Entonces! Recuerda, antes de hablar  piensa mejor tus palabras, éstas puede incidir positiva o negativamente en las concepciones previas en la mente del elector.

¡Comunícate y hazlo bien!


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