Rincón del Gurú-.
La fuerza siempre ha sido una forma de
comunicación cuando de política se trata.
Los líderes que no dan
demostraciones de fuerza, pierden rápidamente su liderazgo.
Todos los pueblos del
mundo buscan líderes fuertes, que garanticen seguridad, guía y protección a las
comunidades humanas que llamamos sociedades.
Cuando un líder pierde su imagen de “hombre fuerte” o por lo menos la
sensación o percepción deja de ser tal, su liderazgo decae y es propenso, más
temprano que tarde, a perder el poder.
Y no crean que este tipo
de necesidades sociales se circunscribe a las naciones denominadas del “tercer
mundo”, vemos como en países desarrollados el liderazgo de algunos se fomenta
en la fuerza que transmiten.
Por ejemplo, estuve
escuchando las declaraciones de varios electores de Estados Unidos que
afirmaban que votarían por Donald Trump porque “él tiene la fuerza de guiar
este país”, mientras que sus pares que lo harán por Hillary Clinton afirmaban
que “ella ha demostrado experiencia y fuerza en los puestos que ha ocupado”.
¿Coincidencia? No lo
creo y permítanme reforzar esta idea.
Cuando las mujeres han
ganado elecciones es que han demostrado que poseen la “fuerza suficiente” para
conducir los destinos de una nación.
Margaret Hilda Thatcher,
la denominada “dama de hierro”, se ganó
su espacio en una nación conservadora y no sólo eso sino que fue demostración
de “coraje” y “fuerza”. Actualmente en la desarrollada Alemania, Angela Merkel, es la Canciller de aquella
nación y la “jefa” tutelar de los europeos occidentales.
La Rusia actual es
guiada por un “hombre fuerte” como Vladimir Putin; Mariano Rajoy hace los
propio en España y en otras naciones desarrolladas está ocurriendo lo propio.
Una de las críticas más
duras que ha recibido el actual presidente de los Estados Unidos de
Norteamérica es su carencia de “fuerza” para “hacer respetar a los EEUU en el
mundo”.
Pareciera que a pesar
del liderazgo e influencia que Barack Obama llegó a poseer en la opinión
pública de su nación y fuera de ella, su legado a la posteridad estará marcado
por su “falta de fuerza”.
Entonces, la fuerza es
un canal de comunicación.
Cuando un dirigente
político demuestra fuerza, la cual por cierto no es necesariamente sinónimo a
fuerza física, o a lenguaje destemplado, se ganará un espacio importante entre
los electores de su comunidad, estado o nación.
Otro ejemplo de un
liderazgo desvanecido, por falta de “fuerza”, es el del Presidente de
Venezuela, Nicolás Maduro, su imagen de hombre manipulable y sin ánimos ha
acelerado su caída en las simpatías entre su propio partido.
Maduro, que ha llevado
un gobierno cuestionable, pudo mantener más empatía con sus electores si
hubiese transmitido más fuerza de lo expresado; su carácter débil y dubitativo
lo ha llevado a descender a pasos agigantados en los sentimientos nacionales,
llegando a tener más de un 80% de rechazo.
Los venezolanos lo ven
sin la capacidad, ni la fuerza para solucionar los problemas naciones. Es esta
la mayor tragedia política para él y sus seguidores.
Es decir, la fuerza bien
transmitida es sinónimo de simpatías electorales.
¡Comunícate y hazlo bien!
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