Rincón del Gurú-.
La comunicación va a depender del
proceso del pensamiento político. Debe existir ilación entre lo que pensados o
profesamos desde la óptica doctrinaria y lo que defendemos desde la órbita
comunicacional.
Por ejemplo, los
movimientos populistas de izquierda tendrán siempre elementos discursivos
fundamentales como: El imperialismo, la injusticia, la carencia de equipad, la
pobreza y otros elementos.
Los populismos de
derecha, sobre todo los nacionalismos, se centrarán en la: supremacía nacional,
el rechazo a los inmigrantes, los valores tradicionalistas y otros aspectos.
Los dirigente socialdemócratas,
socialcristianos, conservadores y progresistas, unos más a la derecha o a la
izquierda que otros, moldearán su discurso para crear una simbiosis perfecta
entre lo que piensan y lo que dicen.
¿Qué pasa si un líder
socialcristiano defiende el aborto o el matrimonio homosexual? Sin duda será
rechazado por el núcleo esencial de su votación, por el contrario si un
progresista o socialdemócrata defiende el derecho a la vida sobre el aborto o
el matrimonio tradicional sobre las nuevas modalidades, entonces estaría
entrando en un conflicto entre lo que dice y lo que debería pensar.
En el esquema mental de
los electores existen conceptos preestablecidos y consolidados. Cuando los
paradigmas se rompen causan un ruido en el proceso de comunicación, produciendo
desconfianza y resquemor entre los públicos metas.
Con respecto a los
liberalismos encontramos un caso de digno ejemplo.
Los defensores internacionales,
o por lo menos de habla hispana, son jóvenes
formados en la mentalidad liberal que une valores de libre mercado con principios
de liberalismo moral.
En síntesis, un liberal
rechazara el Estado o abogará, por lo menos, para su empequeñecimiento
paulatino, y a la vez será defensor de la libertad de género, “cada quien es
dueño de su cuerpo”, dirían con lo cual expresan su apoyo a luchas de género
como el aborto, el uso de métodos anticonceptivos, entre otros.
El liberal, en el fondo,
muestra vicios de populismo no desde la óptica
marxista o fascista, si de extremos de izquierda o derecha hablamos,
pero sí aboga por una libertad, inclusive excesiva, que raya en una forma de
populismo a lo liberal.
¿Entonces? Desde la
visión comunicacional nuestro candidato tiene que tener claro lo que piensa y
lo que representa antes de estructurar su discurso político.
Cuando los electores nos
perciben de una forma, cuando ya tienen una opinión de nosotros y de lo que
creen que encarnamos, romper este criterio generaría un ruido que fulminaría,
de lleno, la credibilidad del dirigente político.
Un error entre lo que se
percibe de nosotros y lo que decimos o hacemos, puede costarnos no solo una
elección sino toda una carrera pública.
Para finalizar, cuando
un asesor comunicacional empieza a trabajar con un aspirante a presidente,
gobernador, alcalde o diputado, tienen que crear una sintonía efectiva entre el
partido, la imagen preconcebida del asesorado y los planteamientos de éste.
Si no existe esa
convergencia, entonces se perdería el tiempo y la inversión.
¡Comunícate y hazlo
bien!
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