Rincón del Gurú-. Abordaremos en esta semana el tema de la
segunda vuelta electoral en Ecuador, y analizaremos comunicacionalmente los
aspectos mediante el cual creemos que el llamado “correísmo”, la versión
ecuatoriana del Socialismo del Siglo XXI, está llegando a su fin.
Luego de los comicios en Ecuador
donde el candidato de Rafael Correa, Lenín Moreno, sumó el 39,33% de los votos,
obteniendo 11% de ventaja sobre el segundo, tenemos que analizar lo que sucedió
y lo que posiblemente suceda en el devenir comicial de aquella nación.
A pesar de la alta votación de
Moreno, éste no logró superar el 40% de las papeletas necesarias para evitar el
balotaje y ahora tendrá que medirse con la unión de todos los que rechazan el modelo de Rafael
Correa inspirado, en cierta medida, en el sistema implementado por Hugo Chávez
en Venezuela.
Lo primero que tenemos que
sopesar, en las elecciones anteriores Rafael Correa capitalizó en primera
vuelta más del 50% de los votos de los ecuatorianos, siendo electo presidente de
una sólo vez.
Años después, sigue punteando la
elección no con la mayoría de los connacionales sino siendo la primera minoría
del país.
Otro aspecto que tenemos que analizar
en la reciente elección es que el correísmo se midió frente a una oposición
fragmentada.
Ahora, en el “repechaje”
electoral el abanderado de Correa tendrá que vérselas con la cohesión de las
fuerzas opositoras al régimen, es decir la “cosa se puso fea”, como decimos en mi
pueblo.
Comunicacionalmente Lenín Moreno,
el candidato de Alianza País, lleva
consigo la carga de todo lo malo que ha representado Rafael Correa, él lleva
encima de su silla de ruedas el peso de los errores de su antecesor y líder.
La construcción de su mensaje de
campaña que trató de unir continuidad y cambio a la misma vez, para despojarse
de lo malo de Correa y quedarse sólo con el aspecto positivo, no le servirá de mucho
en una segunda vuelta donde están concentrados todos los “enemigos” políticos
del correísmo.
Además, Lenín Moreno más allá de
sus capacidades personales no posee el talante duro y firme para convertirse en
un líder aglutinador de sectores políticos y sociales, por ende, él y su equipo
han optado por convertir al aspirante en un factor de convergencia de pequeños
nichos de mercado.
Por obvias razones, los
discapacitados se sienten representados por él, es un ícono de superación y
lucha, y así otros sectores sociales como los defensores de los animales, los
ecologistas y los sectores populares.
Por el otro lado, el candidato de
la oposición, Guillermo Lasso, tendrá que abrir las alamedas para que todos
aquellos que deseen un cambio voten masivamente en la segunda vuelta.
Su discurso de amplitud,
concordia y cambio tienen que adaptar aspectos aún más plurales para que
liberales, socialdemócratas y socialcristianos, se motiven a participar en el
repechaje comicial.
Uno de los factores que juegan en
contra del aspirante de la alianza CREO-SUMA es su condición de banquero,
debido a que históricamente los ecuatorianos han mirado con recelo a los
representantes de la banca, e inclusive los han acusado de todos los males de
la nación andina.
No obstante, Lasso tiene la gran
opción de desplazar del poder al correísmo, siempre y cuando enfoque su campaña
en un llamado a la participación y estructurando un discurso que recuerde lo “malo”
de Rafael Correa y lo que significaría Lenín Moreno al frente del gobierno de
ese país.
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