Rincón del Gurú-. Existen
mensajes que se parecen a su emisor, mientras otros que son totalmente lo
contrario.
Cuando nos parecemos a lo que
decimos, entonces nuestros niveles de credibilidad aumentarán y nuestras
palabras serán percibidas y concebidas como una verdad.
En cambio, si no nos parecemos a
aquello que pregonamos, entonces nuestros mensajes carecerán de credibilidad y
de veracidad para aquellos que lo reciben.
Si hablamos de orden y rectitud y
tenemos una vida licenciosa, lo normal es que muy pocos nos crean capaces de
ser fomentadores de una política de ordenamiento, porque “ni nuestras vidas lo
están”.
Esto es fundamental a la hora de
estructurar un mensaje que esté acorde con una intencionalidad estratégica y
que pueda generar impacto en el público objetivo.
En otras palabras, nuestra
prédica tiene que tener consonancia con nuestras obras. De lo contrario
estaremos huérfanos de efectividad en la penetración de los públicos metas que
nos preestablezcamos.
Debe existir ilación entre lo que
decimos y lo que hacemos. De no ser así, nuestros mensajes generarán ruido y
por lo tanto serán rechazados por aquellos que deben asimilarlos y comprenderlos
en la justa dimensión estratégica.
Cuando el mensaje emitido por
nuestro candidato u organización posee características que se asemejan al
emisor del mismo, entonces podrá ser aceptado, y si además el mensaje responde
a una necesidad de la colectividad, aquí el mismo será apoyado.
Entonces, debe existir una sinergia
entre lo que somos y lo que decimos, y éste último aspecto debe responder a una
inquietud, necesidad o aspiración puntual de los públicos.
Si le mensaje no crea una
sensación positiva en los receptores, podrá ser comprendido, e incluso
asimilado, pero no será apoyado, es decir este receptor no se convertirá en
elector o en cliente, de acuerdo con el caso y de quien sea el emisor.
Además, una buena política de
comunicación y manejo de climas puede generar la necesidad. Es decir, luego de
diseñado el mensaje podemos crear la pregunta que éste responderá.
En comunicación política, en
ocasiones se crea el enemigo, al cual derrotaremos. Lo que no es otra cosa que
fomentar un ambiente propicio para el mensaje que deseamos difundir.
Lo que es igual a: Emisor + Mensaje
+ Necesidad + Escenario.
No obstante, la fórmula no se
queda aquí. Hacen falta otros factores que precisar.
A lo expuesto tenemos que sumarle
la ilación o empatía en el público determinado. No todos los mensajes son para
todas las personas o nichos de mercado.
Y esto tenemos que tenerlo claro;
debemos organizar nuestro mensaje manteniendo una ilación entre éste y quienes
lo reciben.
Es decir la fórmula completa
sería: Emisor + Mensaje + Necesidad + Escenario + Público: Éxito.
¡Comunícate y hazlo bien!
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