Rincón del Gurú-. Para
aquellos que están familiarizados con la serie que trasmite la cadena
televisiva HBO, Games Of Thrones, podrán recordar una de las mejores
frases de Lord Varys aquella que dice: “el poder reside donde los hombres
creen que reside, es un truco, una sombra en la pared”.
El poder, la fuerza política, la
imagen pública, lo que transmitimos es, como dice el personaje nacido de la
pluma de George R.R Martin, simplemente una “sobra en la pared”.
Somos lo que otros creen que
somos, no lo que en realidad creemos ser. Así dicho en otras palabras, en una
especie de trabalenguas.
El poder político, la influencia,
el liderazgo, la conducción de un equipo de trabajo, toda forma parte de la
percepción, de aquellos que proyectamos que no es necesariamente lo que somos en
realidad.
Las comunicaciones crean la “sobra
en la pared”, las comunicaciones estratégicas elaboran los “trucos” para que
los públicos objetivos crean lo que deseamos que tengan por verdad.
Cuando tomamos un producto en un
anaquel, lo hacemos más motivados por la carga de valores suministrados por
medio del marketing y de las comunicaciones, que por el real gusto o necesidad
de poseerlo.
Cuando un elector, en condiciones
políticas normales, deciden votar por tal o cual candidato lo hace influenciado
por una serie de mensajes que diseñaron en su mente una serie de iconos,
valores, percepciones y creencias que lo empujan a ello.
¿Por qué los norteamericanos
votaron por Donald Trump? ¿Y por qué lo hicieron cuando previamente habían
apoyado a Barack Obama, un candidato de características totalmente diferentes al
magnate republicano? La simpatía que generan los candidatos surge de
valoraciones que como sombras se proyectan en la pared de la mente de cada
votante.
¿Quién es el mejor aspirante a presidir un
país, estado o ciudad? ¿Cuál de los desinfectantes es mejor, entre aquellos que
vemos en el mercado? Es una eterna guerra, una batalla incesante que se libra
en el cerebro de los consumidores y/o electores.
Suponemos, juzgamos, ponderamos, sectorizamos y decidimos bajo el
bombardeo permanente de mensajes, que nos construyen imágenes diferentes, y
crean en nosotros necesidades, ideas y posiciones que antes, tal vez, no
existían.
La comunicación política nos
ayuda a crear la “sombra en la pared”, nos permite colocar ideas tras ideas,
cual si fueran ladrillos, en el esquema mental de una determinada comunidad.
¿Hitler o Trump crearon la
xenofobia o el racismo? Obviamente que no, estos sentimiento ya existían en el
cuerpo social de Alemania y de los EEUU, respectivamente.
Su éxito radicó en tomar para sí
este pensamiento y transformarlo en discurso y pregonarlo por doquier,
proyectando en la pared su sombra de poder.
¿Estamos listos para entender las razones por
la cual algunas sombras opacan a otras? ¿Podemos asimilar la dinámica
psicológica en la estructuración de un discurso? Estas son las preguntas que
debemos hacernos a la hora a entrar en el reto de ser proyectores de sombras, hacedores
de trucos.
¡Comunícate y hazlo bien!
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