Rincón del Gurú-. Una vez
el General Bernard Law Montgomery, en medio de los avatares de la Segunda
Guerra Mundial, afirmó que “no bebo,
no fumo y estoy al 100% de mi estado físico”. Y, mientras terminaba de exhalar
una boconada de humo, justo antes de saborear un fuerte escoces temperatura
ambiente, el Primer Ministro de Gran Bretaña, Winston Churchill, le respondió
que “yo bebo, fumo y tengo una condición física del 200%”.
Así era Winston. Fue un personaje
que nació para luchar.
El hombre que le hizo cara a
Adolf Hitler, mientras Joseph Stalin firmaba un “pacto de no agresión” y Franklin
D. Roosevelt miraba para otro lado desde la Casa Blanca, encontró en el olor de
la pólvora, la mezcla perfecta para vencer la depresión.
Propenso a los decaimientos
emocionales. Aunque fácil de recuperar, el inglés nacido de cuna noble, es la
unión perfecta entre la inestabilidad personal y la imagen pública.
A pesar haber sido un estudiante
un poco menos que mediocre, y de decepcionar a sus padres, Winston se destacó
en el mundo militar.
Churchill destacó en varias
pugnas coloniales inglesas. Al regresar
a su isla, enfiló su entusiasmo y todos sus esfuerzos al mundo de la política.
Así como en la guerra, en la
política se perfiló por ser un rival de cuidado. Cuando encontraba su objetivo
no cesaba hasta que lo conseguía, y todo acompañado por un verbo temible.
Como integrante de la cámara de
los comunes intimidaba a los demás diputados. ¿Quién quería ser expuesto por la
lengua de aquel polemista connotado?
Durante la Primera Guerra Mundial
ocupó uno de los grandes puestos militares en el Gabinete del gobierno conservador.
Pero, bastó una mala decisión para que el mundo se le viniera abajo.
Churchill, tomó su saco, encendió
un puro y empacó sus maletas. Al decirle adiós al Poder, entró en un ataque
depresivo que sólo pudo superar al enrolarse en el ejército y sentir la estela
de los fusiles disparados.
Al final, Winston hizo su parte
en las trincheras. Terminó la guerra y él retornó a la política.
Ocupó diferentes cargos, hasta
que en la cartera de economía fue acusado de fallas que le costaron el poder a
los conservadores y tuvo que volver a despedirse del gobierno.
Parecía que iba a entrar en otra
crisis de depresión, pero justo cuando veía su ocaso próximo, reconoció en el ascenso
de Adolf Hitler el némesis que tanto anhelaba.
Fue el primero en denunciar las
amenazas de la Alemania Nazi, aunque fue desoído por su gente.
El inicio de la guerra le dio la
razón y lo catapultó a ser elegido Primer Ministro. Desde esta posición el
mundo presenció el duelo político, militar y comunicacional más grandioso de
todos los tiempos.
A la esvástica con el águila
imperial de los alemanes, Winston Churchill respondió con su “V” de la
victoria.
Los Nazis atacaron militar y políticamente.
Winston resistió.
Sus paseos por los barrios iglesias
víctimas del bombardeo enemigo, sus intervenciones en el parlamento, sus
mensajes radiales, las visitas a los frentes de batalla, convirtieron al
bebedor y fumador en el símbolo de la resistencia británica.
“Londres aguanta” fue un
eslogan que nació de la promesa de Winston de “sangre, sudor y lágrimas”.
El inglés logró transformarse a
sí mismo en un icono. En un ejemplo.
¡Comunícate y hazlo bien!
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