lunes, 18 de septiembre de 2017

Churchill: Depresión, alcohol y comunicación (Parte I)

Rincón del Gurú-. Una vez el General Bernard Law Montgomery, en medio de los avatares de la Segunda Guerra Mundial, afirmó que  “no bebo, no fumo y estoy al 100% de mi estado físico”. Y, mientras terminaba de exhalar una boconada de humo, justo antes de saborear un fuerte escoces temperatura ambiente, el Primer Ministro de Gran Bretaña, Winston Churchill, le respondió que “yo bebo, fumo y tengo una condición física del 200%”.

Así era Winston. Fue un personaje que nació para luchar.

El hombre que le hizo cara a Adolf Hitler, mientras Joseph Stalin firmaba un “pacto de no agresión” y Franklin D. Roosevelt miraba para otro lado desde la Casa Blanca, encontró en el olor de la pólvora, la mezcla perfecta para vencer la depresión.

Propenso a los decaimientos emocionales. Aunque fácil de recuperar, el inglés nacido de cuna noble, es la unión perfecta entre la inestabilidad personal y la imagen pública.

A pesar haber sido un estudiante un poco menos que mediocre, y de decepcionar a sus padres, Winston se destacó en el mundo militar.

Churchill destacó en varias pugnas coloniales inglesas.  Al regresar a su isla, enfiló su entusiasmo y todos sus esfuerzos al mundo de la política.

Así como en la guerra, en la política se perfiló por ser un rival de cuidado. Cuando encontraba su objetivo no cesaba hasta que lo conseguía, y todo acompañado por un verbo temible.

Como integrante de la cámara de los comunes intimidaba a los demás diputados. ¿Quién quería ser expuesto por la lengua de aquel polemista connotado?

Durante la Primera Guerra Mundial ocupó uno de los grandes puestos militares en el Gabinete del gobierno conservador. Pero, bastó una mala decisión para que el mundo se le viniera abajo.

Churchill, tomó su saco, encendió un puro y empacó sus maletas. Al decirle adiós al Poder, entró en un ataque depresivo que sólo pudo superar al enrolarse en el ejército y sentir la estela de los fusiles disparados.

Al final, Winston hizo su parte en las trincheras. Terminó la guerra y él retornó a la política.

Ocupó diferentes cargos, hasta que en la cartera de economía fue acusado de fallas que le costaron el poder a los conservadores y tuvo que volver a despedirse del gobierno.

Parecía que iba a entrar en otra crisis de depresión, pero justo cuando veía su ocaso próximo, reconoció en el ascenso de Adolf Hitler el némesis que tanto anhelaba.

Fue el primero en denunciar las amenazas de la Alemania Nazi, aunque fue desoído por su gente.

El inicio de la guerra le dio la razón y lo catapultó a ser elegido Primer Ministro. Desde esta posición el mundo presenció el duelo político, militar y comunicacional más grandioso de todos los tiempos.

A la esvástica con el águila imperial de los alemanes, Winston Churchill respondió con su “V” de la victoria.

 Los Nazis atacaron militar y políticamente. Winston resistió.

Sus paseos por los barrios iglesias víctimas del bombardeo enemigo, sus intervenciones en el parlamento, sus mensajes radiales, las visitas a los frentes de batalla, convirtieron al bebedor y fumador en el símbolo de la resistencia británica.

Londres aguanta” fue un eslogan que nació de la promesa de Winston de “sangre, sudor y lágrimas”.

El inglés logró transformarse a sí mismo en un icono. En un ejemplo.


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