Rincón del Gurú-. Llegamos
a la segunda parte de esta serie de artículos dedicados a las comunicaciones
políticas y basándonos en la figura histórica de Winston Churchill, es primer
ministro inglés.
Cuando nos referimos al branding
siempre nos llega a nuestra mente el perfil de las grandes empresas, y si nos
referimos al branding personal nos llega, como una especie de rayo, la figura
de artistas. Pero, los políticos también tienen su estrategia de
diferenciación.
La famosa “V” de la Victoria está intrínsecamente ligada al
recuerdo de Winston Churchill, el hombre que le presentó cara a Adolf Hitler en
aquella Europa convulsionada y con hedor a pólvora y sangre por todas partes.
Winston creó su marca personal; era imposible pensar
en Churchill o referirnos a él sin imaginarnos su tabaco en la boca y su
sonrisa mientras hacía la “V” de la Victoria.
Además de extraordinario
escritor, articulista y connotado orador, el sostenedor del Imperio Británico
en los días de la II Guerra Mundial fue un artista, bebedor y depresivo hombre
que siempre encontró razón en su vida consiguiendo némesis a quien derrotar.
Churchill se vendió como el único
hombre capaz, en toda la isla de Inglaterra, de derrotar a la amenaza de
Hitler. A pesar de venir de un lapso de tiempo en el oscurantismo de la derrota
política, emergió ante la proclama dicha en la radio: “Winston regresa con
nosotros”.
El dirigente político hizo de su
verbo el canal más idóneo para reforzar los elementos de imagen que fue
construyendo a su alrededor.
Ideas como: “ese hombre no
descansa”, “es tan terco que conseguirá ganar la guerra” se convirtieron en
expresiones populares que ayudaron a edificar el mito de la fuerza vital del
Primer Ministro.
En el parlamento inglés o desde
una estación de radio, las frases como “solo tengo para ofrecer al pueblo,
sangre, sudor y lágrimas” o “Pelearemos
en los cielos, en los mares, pelearemos en las playas, y en las montañas, pero
nunca nos rendiremos”, se transformaron en el aliento que le dio vida a la
resistencia inglesa frente a la invasión alemana.
Todas estas acciones,
características y cualidades llevadas al extremo en la difusión de mensajes en
los medios de la época: prensa, cine, radio, panfletos y más, crearon una marca
en la figura del líder político británico.
Llegó un punto que el Reino Unido
era Winston Churchill. Llegó a ser más representativo que la misma corona del
Imperio Británico.
Y, la tarea no fue fácil.
Desde el continente, invadido por
las banderas de la esvástica, Adolf Hitler con su jefe de propaganda, Joseph
Goebbels, también diseñaban una marca personal muy potente.
Con uniforme militar, un peinado
de lado y un bigote recortado; con la palma derecha alzada y gritos frenéticos
en un ambiente dominado con los principios de una ideología de fanáticos, de
esta forma el líder de los Nazis conquistaba emotivamente a su pueblo y con los
tanques hacía lo propio en el resto del continente.
Ambas marcas chocaron, ambos
estilos se midieron y detrás de ellos sus ejércitos. La II Guerra Mundial no
fue solo una batalla de aviones, barcos, submarinos, bombas y tanques, fue un
enfrentamiento comunicacional y de mercadeo que no ha tenido igual hasta la
fecha.
¡Comunícate y hazlo bien!
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