Rincón del Gurú-. Quienes
trabajamos en el mundo de la comunicación política, en muchas ocasiones,
creamos liderazgos de papel. Forjamos identidades moldeadas al fuego de las
inclinaciones de la opinión pública y construimos circunstancias e historias
que nos ayudan a crear mitos en torno a nuestros respectivos asesorados.
Estos líderes de papel se forman
mediante el análisis de las aspiraciones, deseos y necesidades de los
electores. Van a encarnar opiniones
mayoritarias, y vertientes de la opinión de la colectividad, y en muchas
ocasiones lo que éstos comienzan a representar no es en realidad lo que
profesan política, ideológica y personalmente.
Este divorcio entre lo que “es el
candidato” y lo que “está representando”, crea una brecha que por lo general se
abre, hasta romperse en su totalidad, en el ejercicio del cargo por parte de
nuestro asesorado.
Por ende, el liderazgo creado por
el consultor debería basarse en rasgos, criterios y estilos que tengan
consonancia con los planteamientos originales del candidato.
Si nuestro asesorado cree en el
aborto, ¿cómo crear un discurso pro-vida?; aunque sí es posible, no se debería
hacer, porque existe una alta probabilidad que él, al obtener el cargo que
aspira, dará rienda suelta a sus reales opiniones sobre el tema.
El discurso político y el mensaje
de campaña deben tener ilación entre lo que piensa el candidato y lo que
piensan los electores.
Sí, es verdad. Las campañas son
plataformas donde los candidatos dicen lo que los votantes quieren escuchar, no
obstante basar toda una imagen política en una mentira, al final no traerá
buenos resultados.
El liderazgo de papel se
desmorona al tener contacto con el agua. Los asesores de comunicaciones,
marketing político o de imagen pública, deben crear una proyección
comunicacional que se parezca al candidato y que cumpla necesidades y
aspiraciones de los electores. De esta forma, garantizaremos que el “producto
que se venda” sea el mismo que los públicos meta constatarán al momento de
verlo gobernar.
Es menester que los consultores
políticos centren sus estrategias en realidades y no en falsas premisas que al
final pueden costarle la elección al asesorado o, peor aún, costarle tiempo a
la ciudadanía que esperaba algo y no lo recibió.
Tomemos como ejemplo un momento a
Donald Trump, el actual presidente de los Estados Unidos, su personalidad
avasallante, fuerte, destemplada y, porque no decirlo, grosera hizo que ganara
las elecciones, y su comportamiento en el poder no ha variado ni un ápice.
Trump es Trump como candidato y
como presidente; él es tal siendo un magnate o un conductor de Reality Show,
sus asesores trabajaron con lo que tenían y le sacaron el jugo a tal extremo
que obtuvieron el dulce resultado de la victoria.
¿Mintieron? ¿Corrieron riesgo de
vender un producto falso? Obviamente que no.
En conclusión el liderazgo que se
construya debe ser cimentado en valores ciertos, opiniones reales y una
personalidad que sea natural, si optamos por lo contrario tendremos en nuestras
manos un líder de papel.
¡Comunícate y hazlo bien!
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