Rincón del Gurú-. El
pensamiento de René Descarte se resume en la frase “pienso y luego existo”,
quisiera en las próximas líneas parafrasear aquella expresión del filósofo para
explicar la importancia del pensamiento en el proceso de comunicación.
Y sí, la comunicación nace del
pensamiento. Es en nuestro cerebro que articulamos todo ese proceso que se
trasformará en un mensaje enviado a través de diversos canales, y no solamente
estamos hablando de las palabras escritas o habladas.
La comunicación inicia en nuestra
mente. Es la necesidad de satisfacer nuestros deseos lo que nos empuja a
comunicarnos.
La comunicación es la base
primogénita de la sociedad. Los seres humanos nos reunimos entre nosotros por
la necesidad, por miedo y en búsqueda de
mejorar nuestra calidad de vida; y es el comunicarnos bajo un mismo
código lo que ha facilitado este mecanismos humano de sobrevivencia.
Ahora bien, la comunicación
siempre nace de nuestra mente. Todo lo que decimos obedece a reacciones de
nuestra cabeza, no obstante todo lo que decimos lo pensamos, pero no pensamos
todo lo que decimos.
¿Qué quiere decir? En nuestra
mente llegan ideas, conceptos, conclusiones y juicios que por lo general no
exteriorizamos, y en ocasiones pensamos y decimos al mismo tiempo, sin darnos
la oportunidad de sopesar lo conveniente de las palabras que pronunciaremos.
Es decir, cuando un sujeto está
molesto la parte analítica y reflexiva de su cerebro está alterada y
minimizada, por tal motivo podrá expresar ideas o mensajes que en otras
circunstancias se reservaría. He aquí la importancia de pensar lo que decimos,
entendiendo el pensamiento como la práctica racional de nuestra mente.
Cuando trabajamos en
comunicaciones ya sean políticas, corporativas o de mercadeo, antes de
exteriorizar algún mensaje debemos preguntarnos ¿es conveniente decirlo? ¿Cómo
reaccionarán nuestros interlocutores? ¿Es creíble lo que diremos con relación a
la información previa que el receptor y/o perceptor tendrá de nosotros?
Cada mensaje que se envíe debe
estar pensado y analizado. Debe responder a una intencionalidad estratégica, de
lo contrario estaríamos malgastando cartuchos en la difusión de mensajes hacia
la Opinión Pública.
Al generar un mensaje debemos
tener claro que éste va de un cerebro a otro. Cuando lanzamos una campaña
publicitaria estaremos bombardeando de ideas y mensajes las mentes de miles y/o
millones de clientes, tanto los colores, la música, el slogan, todo va
comunicando algo a la mente de aquellos que miren o escuchen la campaña.
La comunicación no es un proceso
mecánico, por el contrario es un ente vivo donde todos los factores
intervienen, influyen y moldean el resultado. Esto indica que el mensaje nunca
llegará por igual a la mente de todos a
aquellos que lo perciban, esto es una verdad inalterable.
Lo que sí es posible es que el
mayor número de personas puedan percibir conceptos radicalmente parecidos,
construyendo así una idea dentro de la Opinión Pública. Cuando esto ocurre,
sencillamente el mensaje dio en el clavo.
Además, es mucho más fácil llegar
a este punto cuando se trabaja con planteamientos o construcciones mentales
previamente construidas por la sociedad. Así como Adolf Hitler hizo con el
racismo, debido a que el antisemitismo no fue un invento del dictador alemán,
sino que era un sentimiento ya difundido en el espectro social del pueblo
germánico y occidental, por lo tanto cuando el líder político lo empleó fue más
sencillo el proceso de persuasión.
Por esto, debemos siempre pensar
primero y comunicar después.
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