lunes, 11 de febrero de 2019

Mensajes ocultos


Rincón del Gurú-. Cada vez que escuchamos un mensaje, ya sea de un político, de una agencia publicitaria que promueve tal o cual producto, o un comunicado institucional de alguna organización sea pública o privada, más allá de las palabras la misma trata de incidir en nuestras mentes enviando un mensaje oculto.

¡Sí! Las palabras tienen dos tipos de mensajes: El directo y el oculto.

El directo es aquello que nos dice con palabras, es el significado literal de las expresiones que se esgrimen o se presentan a determinado público. Mientras que el oculto, son los elementos no conscientes para quien recibe el mensaje.

Por lo general, quien emite un mensaje posee una intención para transmitirlo. Busca causar empatía, emociones o determinadas reacciones entre los perceptores de los mensajes enviados.

Entre los objetivos de los emisores están crear: alegría, tristeza, preocupación, miedo, amor, solidaridad, compasión, confianza, respeto, veneración, entre muchísimos más.

Esto lo logramos con las palabras precisas, acompañados de elementos del mensaje que van más allá de las palabras como el escenario, el tono, los elementos visuales, y más factores que inciden en obtener la respuesta deseada sobre el estímulo seleccionado.

En el ámbito político, se suele generar dos emociones: Amor y Miedo. Que por cierto son los dos grandes sentimientos que mueven al mundo.

Históricamente se ha promovido el amor o el miedo para mover a los electores a votar por un candidato u otro. Y hoy, lo podemos observar en el debate político venezolano.

Por un lado, Juan Guaidó genera un mensaje de esperanza (un tipo de sentimiento positivo) para millones de venezolanos que están cansados de los errores y fracasos del modelo socialista que ha dirigido al país en los últimos 20 años.

El presidente Guaidó motiva a sus simpatizantes, los lleva a soñar con un fin a la crisis de Venezuela. El discurso ha sido atinado a tal punto, que despertó la emoción adecuada entre los opositores quienes en este momento ya se sienten gobierno.

Por su parte, Nicolás Maduro no ha conseguir diseñar un mensaje unificador. Hasta ahora juega con dos elementos que emplea torpemente.

Primero, busca reeditar las campañas de “amor” que en su tiempo empleó Hugo Chávez sintetizadas en los slogans: “Por Amor” y “Corazón de la Patria”. A la par, pretende crear miedo entre sus seguidores para reagruparlos ante la posibilidad de una guerra y una “caída y mesa limpia” que afecte a todos los que han sido “chavistas”.

En cada ocasión que escuchamos hablar a Guaidó y a Maduro buscan transmitirnos algo más de lo que dicen las palabras en sí. Quieren motivar, agrupar, esperanzar, impulsar y cohesionar, son todos éstos parte de los objetivos de la comunicación.

Igual ocurre con las marcas, desde McDonald’s hasta Mercedes Benz, cada una pueden comercializar hamburguesas o vehículos, pero lo que realmente venden es otra cosa. En palabras de Charles Revson: “en nuestras fábricas hacemos lápices labiales, en nuestros anuncios vendemos esperanzas”.

¡Comunícate y hazlo bien!

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