Rincón del Gurú-. Cada
vez que escuchamos un mensaje, ya sea de un político, de una agencia
publicitaria que promueve tal o cual producto, o un comunicado institucional de
alguna organización sea pública o privada, más allá de las palabras la misma
trata de incidir en nuestras mentes enviando un mensaje oculto.
¡Sí! Las palabras tienen dos
tipos de mensajes: El directo y el oculto.
El directo es aquello que nos
dice con palabras, es el significado literal de las expresiones que se esgrimen
o se presentan a determinado público. Mientras que el oculto, son los elementos
no conscientes para quien recibe el mensaje.
Por lo general, quien emite un
mensaje posee una intención para transmitirlo. Busca causar empatía, emociones
o determinadas reacciones entre los perceptores de los mensajes enviados.
Entre los objetivos de los
emisores están crear: alegría, tristeza, preocupación, miedo, amor,
solidaridad, compasión, confianza, respeto, veneración, entre muchísimos más.
Esto lo logramos con las palabras
precisas, acompañados de elementos del mensaje que van más allá de las palabras
como el escenario, el tono, los elementos visuales, y más factores que inciden
en obtener la respuesta deseada sobre el estímulo seleccionado.
En el ámbito político, se suele
generar dos emociones: Amor y Miedo. Que por cierto son los dos grandes
sentimientos que mueven al mundo.
Históricamente se ha promovido el
amor o el miedo para mover a los electores a votar por un candidato u otro. Y
hoy, lo podemos observar en el debate político venezolano.
Por un lado, Juan Guaidó genera
un mensaje de esperanza (un tipo de sentimiento positivo) para millones de
venezolanos que están cansados de los errores y fracasos del modelo socialista
que ha dirigido al país en los últimos 20 años.
El presidente Guaidó motiva a sus
simpatizantes, los lleva a soñar con un fin a la crisis de Venezuela. El
discurso ha sido atinado a tal punto, que despertó la emoción adecuada entre
los opositores quienes en este momento ya se sienten gobierno.
Por su parte, Nicolás Maduro no
ha conseguir diseñar un mensaje unificador. Hasta ahora juega con dos elementos
que emplea torpemente.
Primero, busca reeditar las
campañas de “amor” que en su tiempo empleó Hugo Chávez sintetizadas en los
slogans: “Por Amor” y “Corazón de la Patria”. A la par, pretende crear miedo
entre sus seguidores para reagruparlos ante la posibilidad de una guerra y una
“caída y mesa limpia” que afecte a todos los que han sido “chavistas”.
En cada ocasión que escuchamos
hablar a Guaidó y a Maduro buscan transmitirnos algo más de lo que dicen las
palabras en sí. Quieren motivar, agrupar, esperanzar, impulsar y cohesionar,
son todos éstos parte de los objetivos de la comunicación.
Igual ocurre con las marcas,
desde McDonald’s hasta Mercedes Benz, cada una pueden comercializar
hamburguesas o vehículos, pero lo que realmente venden es otra cosa. En
palabras de Charles Revson: “en nuestras fábricas hacemos lápices labiales, en
nuestros anuncios vendemos esperanzas”.
¡Comunícate y hazlo bien!
No hay comentarios:
Publicar un comentario