Por José Dionisio Solórzano
Rincón del Gurú-. He
estado y estoy en varios Grupos Whatsaap, en muchos de los cuales me mantengo
en silencio simplemente analizando los mensajes que se transmiten, los
comentarios que se emiten y las reflexiones que se esbozan a diestra y
siniestra.
En muchos casos, los Grupos en
esta aplicación están destinados a un fin determinado: Compra-Venta, Trabajo,
Información, y otros que se abren como una especie de foros de discusión
política, social, comunitaria, vecinal e inclusive de carácter académico.
El principio base de esta
herramienta de comunicación es excepcional, permite unir a muchas personas en
torno a espacios abiertos de debate, organización e intercambio de ideas,
ayudan al tema laboral, a la planificación y ejecución de eventos, distribución
de tareas e incluso intercambio de criterios.
No obstante, los Grupos Whatsaap
también encierran un gran peligro: La desinformación.
Cuando se quiere propagar un
mensaje determinado, y hacer que éste sea compartido de forma veloz, el
Whatsaap es el canal ideal junto con Facebook. Sin duda, muchos de los usuarios
de este híbrido entre mensajería instantánea y red social, suelen multiplicar
un mensaje sin medir las consecuencias de ese proceder.
En Whatsaap vemos como las
personas indiscriminadamente publican informaciones no confirmadas, y a pesar
de ello aseguran que son veraces y totalmente ciertas. Y, más allá de
divulgarlas, suman sus propios análisis y justificación del porqué el mensaje y
argumentación publicado por ellos son correctos.
Muchos usuarios en Whatsaap se
han convertido en eruditos de celular y filósofos del teclado. La
democratización de las comunicaciones, si bien ha sido beneficiosa en muchos
aspectos, también ha sido perjudicial en la calidad de las informaciones que
nos encontramos en el día a día.
Desde la aparición de las Redes
Sociales, la información ha perdido calidad. Sí, cualquiera con un teléfono
inteligente se cree reportero y cualquiera con el tiempo libre suficiente piensa
que es un gran analista económico y político.
Esta realidad va creando un
ambiente cada vez de mayor desconfianza en las comunicaciones, y el impacto de
los mensajes va perdiendo validez y fuerza.
En otros tiempos, lo que aparecía
en el periódico “tenía que ser verdad”, eran informaciones validadas,
realizadas por periodistas y profesionales de la información.
Las imágenes que aparecían en los
noticieros “eran verdad”, y las personas que comentaban noticias en la radio,
gozaban de respeto y credibilidad. Estos tiempos murieron, y con ellos, la
certeza de las informaciones en nuestras días.
Esta situación se vuelve
dramática en el caso venezolano, donde el cerco mediático y la censura
persisten en un nivel insoportable, dando paso a que los canales digitales de
comunicación sean más vistos que los tradicionales.
Ahora bien, tengamos siempre
cuidado con los mensajes que recibimos en nuestros teléfonos, verifiquemos
constantemente la información, acudamos a la fuente y nunca divulguemos algo de
lo cual no estamos completamente seguros.
No seamos presas fáciles para la
desinformación, las guerras sucias y las campañas direccionadas.
¡Comunícate y hazlo bien!
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