Por José Dionisio Solórzano
Rincón del Gurú-. Desde su derrota presidencial frente a Iván
Duque, lo que significó el retorno del uribismo al poder en Colombia, Gustavo
Petro ha trazado una estrategia política y comunicacional para recuperarse y
lograr el objetivo de llegar al Palacio de Nariño en Bogotá.
Petro se consolida como el líder de la oposición en las tierras
neogranadinas, mantiene una posición dura contra el Gobierno de Colombia,
encabeza acciones de oposición y se mantiene al lado, aunque se cuida en no
aparecer como el eje central, de las protestas populares que se están
materializando en aquella nación.
El exalcalde de Bogotá se erige como la acción real para alcanzar un “cambio”
en el país y para concretar la tan anhelada “paz” en un país adolorido y
exhausto por más de 40 años de una guerra civil promovida por la guerrilla y ampliada
por la presencia y nexos del narcotráfico.
Gustavo Petro se maneja como pez en el agua en medio de un clima de
hostilidad y enfrentamiento. Por un lado, aplica las acciones tácticas del
socialismo latinoamericano al inyectar elementos de justicia social,
reivindicaciones sociales y de lucha de clases y por el otro amplía su marco de influencia,
al estilo de la izquierda europea, al apoderarse, o por lo menos de gran parte,
del discurso de la igualdad de géneros, feminismo, libertad sexual y otros
elementos.
Pareciera clara que la orientación del trabajo político de Petro es
mantenerse como la opción del cambio y cómo la única distinta al status quo;
además segmenta su caudal electoral optimizando así el mensaje a difundir y la
conexión emocional con pequeños grupos dentro de la sociedad colombiana.
Si Gustavo Petro sigue avanzando como hasta la fecha, manteamiento
prudencia en sus acciones políticas y evitando exponerse demasiado, seguramente
su opción presidencial será la más importante para el próximo evento presidencial
en Colombia.
Sin embargo, Petro tendrá que saltar varios escollos en el camino.
Primero, el dirigente político deberá suavizar su imagen y relación entre los
sectores sociales más conservadores de Colombia, entre ellos la Iglesia que
sigue teniendo un impacto social muy importante en el país de hoy en día.
Además, ya debe estar escuchando los ladridos en su cueva de otro líder
que pudiese emerger con fuerza en el futuro cercano. Y este es el caso de Claudia
López, la recién electa alcaldesa de Bogotá.
Sí ella empieza a realizar una buena labor en tan elevada posición
política, la cual es una vitrina que la proyectaría a escala nacional, entonces
se transformaría en un factor aún más importante que el actual. Esto llevaría a
Gustavo Petro a eliminarla políticamente del camino o buscar una alianza con
ella que pudiera incluirla en la fórmula presidencial ¿tal vez como
vicepresidenta?
Lo cierto es que Gustavo Petro mantiene una imagen altamente positiva
entre sus electores, un nicho de mercado electoral plenamente movilizado y
organizado, una presencia comunicacional
activa y diligente, y a varios opinadores apoyándolo o por lo menos coincidiendo
con él en sus puntos de vistas.
El camino hacia el poder está abierto, aunque aún nos queda por ver cómo
terminará de mover las piezas el presidente Duque y lo que nos traerá el
futuro.
¡Comunícate y hazlo bien!
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