José Dionisio Solórzano
Rincón del Gurú-. Los últimos sucesos políticos y
comunicacionales en Venezuela se pueden
resumir en la frase: Política de audios
porque tanto un bando como el otro, se han aferrado a la publicación de sonidos
de conversaciones vía Whatsaap o telefónicas para reforzar sus puntos y líneas
de discurso.
Luego del conflicto desatado por el control de la Asamblea Nacional, la
puja entre los seguidores de Juan Guaidó, y lo de una facción de opositores
encabezados por el diputado Luis Parra, quienes recibieron los votos de la
bancada parlamentaria de los acólitos de Nicolás Maduro, para nombrar una nueva
Directiva Parlamentaria contraria a la línea que se venía imponiendo desde el
año 2019, produjo una nueva práctica de denuncias.
Por un lado, el diputado Alfonso Marquina salió en medio de una rueda de
prensa dando a conocer como algunos legisladores, que se pasaron de bando, lo
llamaron para ofrecerle dinero para que votara en contra de Guaidó.
Acto seguido, en las Redes Sociales, se viralizó el audio de una
conversación telefónica entre los diputados “Goyo” Noriega y José Brito,
quienes reaccionaban ante las declaraciones
y la prueba mostrada por su homólogo Marquina.
Ahora bien, comunicacionalmente quién acertó y quién no.
Primero, la denuncia primaria realizada por Marquina, al lado de otros
parlamentarios, fue una buena jugada de percepción porque hipotéticamente
reforzaba la idea en la opinión pública sobre la “poca moral” de la denominada
bancada-Clap, es decir del equipo escindido de la oposición que ahora
controlaría de hecho las riendas del Parlamento.
Sin embargo, la aparición del segundo audio enredó todo el panorama. En
este sonido escuchamos a un José Brito y un “Goyo” Noriega indignados por el
audio hecho público por Marquina y diciendo que éste fue “un montaje burdo”.
Entonces, ¿quién hace público el segundo? ¿Lo hace el equipo de Parra
para dejar sin efecto el impacto del primero? ¿O lo hace la gente de Guaidó? En
el primer caso tendríamos que calificar la jugada como magistral, debido que la
conversación reafirma el discurso
público en el plano privado de José Brito, Luis Parra, y compañía.
Si es la segunda opción y fue el equipo de comunicaciones de Juan Guaidó
quienes hacen público aquella conversación, entonces estaríamos en presencia de
uno de los mayores errores tácticos, en el orden comunicacional, cometido en
los últimos tiempos.
Lo cierto es que los hechos del 5 de enero, cuando Guaidó se montó en la
cerca del Palacio Federal Legislativo venezolano, significó un aumento en las
encuestas para él, sin embargo no fue como el que muchos analistas esperaban y
tampoco, al día que escribo esta columna, se ha consolidado en el tiempo.
Empero, la percepción de Nicolás
Maduro fuera del país ha empeorado, y su posicionamiento en la opinión pública no ha variado para
mejor dentro de Venezuela.
Y si hablamos de quién ha salido beneficiado, desde el punto de vista
comunicacional, en torno al escándalo de los diputados de la Asamblea Nacional,
tendríamos que decir que el premiado ha sido José Brito, quien a pesar de no
ocupar un asiento en la directiva de la AN, ha fungido como el vocero de la
misma, convirtiéndose en un actor político de la vida nacional.
La política venezolana se complica, en la medida que los ánimos de los
ciudadanos se han desmoronado. De allí el movimiento estratégico de Guaidó de
iniciar una gira internacional para oxigenarse, recuperar espacios y mantener
su fuerza en la política diplomática.
¡Comunícate y hazlo bien!
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