José Dionisio Solórzano
Rincón del Gurú-. ¿Qué pasa en América Latina? ¿Cuál es la razón
de la suspensión de las elecciones en República Dominicana? ¿De la elección de
un parlamento disgregado en el Perú? ¿Del debate en las presidenciales en
Bolivia? Y ¿De la prolongación de la crisis en Venezuela?
Fácil. La razón de muchos de los problemas políticos en América Latina
es la ausencia de un liderazgo político coherente y eficiente; con la muerte de
Hugo Chávez, el encarcelamiento de Lula Da Silva, el estancamiento de Rafael
Correa y el cansancio de la imagen de Álvaro Uribe Vélez, se agotaron los
últimos liderazgos de América Latina.
Nuestra cultura es genéticamente caudillista, los latinoamericanos necesitamos
del "jefe" o del "Mesías" que venga a salvarnos y a
cuidarnos como un "Gran Padre". Y, en este momento pocos llenan los
requisitos de liderazgo político en nuestros países.
En el caso venezolano Nicolás Maduro es presidente de hecho del país,
sin embargo no es el líder de ninguna de las facciones en pugna, encabeza el
Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) pero no es su líder. Por el otro
lado, Juan Guaidó era un desconocido antes del 5 de Enero del 2019 y su apoyo
ha caído en picada entre noviembre 2019 y Enero 2020, aunque sigue punteando
los estudios de opinión.
Ni Maduro ni Guaidó son líderes del país, ambos son producto de las
circunstancias. El primero fue impuesto por el difunto Hugo Chávez, y el
segundo se ha oxigenado por el respaldo internacional y porque estuvo en el
lugar indicado, en el momento propicio.
En el panorama venezolano se tienen que sopesarse otras figuras de
importancia, como es el caso, en el bando oficialista, de Diosdado Cabello,
Héctor Rodríguez y Rafael Lacava, y en la otra acera resalta la aparición de un
nuevo vocero estigmatizado, pero con una gran oportunidad, como es el diputado
Luis Parra, quien asumió la presidencia del Parlamento venezolano hasta el
2021.
En el caso del Perú se eligió un Poder Legislativo conformado por muchas
minorías, la carencia de un líder como en su momento lo fueron el fallecido
Alan García, Alberto Fujimori, Alejandro
Toledo u Ollanta Humala, dio como fruto que en este momento la nación andina se
encuentre prácticamente en la deriva política.
Los peruanos no saben a quién seguir, los liderazgos están moribundos,
los partidos tradicionales en el suelo, y la sociedad está en la búsqueda de un
nuevo rumbo en medio de tantos escándalos, proyectos fracasados y esperanzas
pulverizadas.
El Perú de hoy, y se tiene que decir con responsabilidad, es terreno
abonado para que cualquier movimiento populista, ya sea de izquierda o de
derecha, se imponga en el país y llene ese vacío de liderazgo que existe en una
sociedad hastiada de un modelo político de acusaciones, mentiras y ataques
incesantes.
¿Qué ocurre en Bolivia? Con un Evo Morales fuera del poder e
inhabilitado, el juego político se volvió más turbio; todos los opositores de
aquél quieren sentarse en la silla presidencial, lo que demuestra claramente
que ninguno es un líder que aglutine a todos los grupos democráticos
bolivianos.
Si los demócratas en Bolivia, ante la ausencia concreta de liderazgo, no
construyen una vía de unidad, el retorno del Movimiento Al Socialismo sería un
hecho. Es aquí donde la madurez y
sensatez política debe reemplazar el vacío de liderazgo político.
Lo de República Dominicana merece atención especial y un artículo solo
para analizar causas, efectos y relaciones… lo que sí podemos adelantar es que
la tierra dominicana enfrenta un reto institucional sin parangón en la historia
en aquella mitad de isla.
Y la crisis de liderazgo no solo afecta a Venezuela, República
Dominicana, Perú o Bolivia, sino que vemos sus estragos en la Argentina, donde
Alberto Fernández no despunta o en Chile donde Sebastián Piñera perdió el control
luego de la ola de protestas que azotó a aquella nación.
En América Latina el único líder que queda es Jair Bolsonaro, quien
irrumpió en la escena del Brasil empleando un discurso populista de derecha y
quien sembró en la sociedad brasileña un nuevo sentimiento, parecido al que
encarna Donald Trump en Estados Unidos o Boris Johnson en Gran Bretaña.
Recuerden no existe un líder, sin una razón. No existe un líder sin una
narrativa social, política o ideológica que justifique su liderazgo. No existe
líder sin seguidores fieles que lo apoyen.
¡Comunícate y hazlo bien!
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