Por José Dionisio Solórzano
Rincón del Gurú-. La pandemia del Covid19 pareciera que sumará a
su lista de víctimas varias carreras políticas en América Latina, ya que el
manejo de la crisis no fue abordado con tino por varios mandatarios del
hemisferio.
El que pareciera ser el más desacertados de todos es el presidente de
México, Andrés Manuel López Obrador, quien no solo desestimó el impacto de la
enfermedad sino que las políticas aplicadas por su gobierno están muy lejos de
ser las más oportunas o satisfactorias.
Mientras la gran mayoría de los gobiernos de América Latina van cerrando
fronteras y declarando cuarentenas, el mandatario azteca no solo se queda
inmóvil sino que sigue su vida gubernamental como si nada pasase en México, en
el Continente, ni en el resto del mundo.
Andrés Manuel López Obrador sigue realizando manifestaciones de calle,
sigue como en una especie de campaña eterna, muy a la usanza de los líderes de
la izquierda hispanoamericana, y no aplica acciones para cuidar la salud de
millones de mexicanos.
Si en la ancestral nación se desata la pandemia y trae consigo la muerte
de muchos mexicanos, la imagen del presidente caerá a niveles que serán
imposibles de revertir, lo que significaría el fin del experimento socialista
en la república al sur de los Estados Unidos.
En Brasil, su polémico presidente, Jair Bolsonaro, menospreció en las
primeras las consecuencias del coronavirus, sin embargo su política se fue
adaptando y moldeando a los cambios del clima político.
A pesar que estuvo en una concentración de sus seguidores contra el
congreso carioca, el mandatario ha entendido en qué piso está parado y
evolucionó en su percepción del tema. Además, su posible contagio, ya negado
tras dos pruebas que se realizó, hizo que muchos vieran su primera posición
como errática y poco digna de un presidente.
Bolsonaro no está en los límites de catástrofe de López Obrador, sin
embargo debe gestionar una política comunicacional más efectiva para borrar del
cerebro de los brasileños su pifia de hace unas semanas atrás.
Ahora, hablemos del caso de Iván Duque presidente de Colombia. El Jefe
de Estado neogranadino no fue el primero en dictar medidas de protección, este
sitial es exclusivo del mandatario salvadoreño Nayib Bukele, pero tampoco fue
el último.
Sin embargo, la implacable oposición que viene haciendo el excandidato
presidencial de la izquierda colombiana, Gustavo Petro, lo ha intentado
encerrar en un debate de "Vida vs. Capital", al señalar que las
medidas del inquilino del Palacio de Nariño han sido movidas más por intereses
económicos que por el bienestar de la población.
El drama aquí es que el presidente Duque no ha sabido, por completo,
desatarse de esta soga con la cual izquierda lo viene enlazando. Esto pudiera
traerle consecuencias a un presidente que no ha tenido luna de miel con sus
electores y que ha soportado a una oposición organizada y movilizada desde el
primer día de su gobierno.
Ya he hablado en un artículo anterior de la posición de Sebastián
Piñera, presidente de Chile, a quien su baja popularidad y mínima credibilidad
lo empujan a cometer error tras error, al abandonar prácticamente su base
electoral y empezar actuar como "dice lo políticamente correcto"
abriéndole el terreno a sus rivales socialistas.
Mientras Bolsonaro rompe paradigmas, Trump transformó la vida pública,
mientras Bukele creó su propio estilo, Piñera no solo se queda con lo
tradicional, sino que pulveriza su discurso histórico alejándose de la derecha
chilena. Todo esto ha aniquilado cualquier percepción positiva de Piñera, y
esta situación se ha reflejado en lo tardío y torpe del manejo del Covid19 en
aquella nación.
Como hemos visto son varios los presidentes que parecieran estar
severamente afectados por su mala comunicación en medio de la pandemia del
coronavirus; y esto sin dejar de mencionar lo desatinado de la actuación en
Venezuela de Juan Guaidó, quien primero brilló por su silencio y después se
hundió con mensajes poco estratégicos y vacíos.
Sin duda, no todo líder está capacitado o es apto para liderar en
tiempos de crisis.
¡Comunícate y hazlo bien!
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