Rincón del Gurú-. Uno de los mayores retos para la comunicación
gubernamental ha sido la credibilidad de los mensajes que se emiten desde las
instituciones del Estado; y gracias a la crisis de la pandemia del Covid-19
esta realidad se ha agudizado.
En la actualidad, todos los gobiernos ya sean liberales o conservadores,
socialistas o de derecha, todos enfrentan el mismo desafío de estructurar una
campaña de comunicación e imagen que sea efectiva en la gestión de la crisis de
salud mundial.
No basta con hacer, se debe decir; y no basta con decir, si no se hace.
En América Latina tenemos gobiernos con mayor credibilidad que otros, y tenemos
líderes en el ejercicio del poder como personajes coyunturales que por diversas
razones alcanzaron la presidencia en sus respectivos países.
Buscar la credibilidad en estos días, para aquellos que no la poseían ha
sido una tarea titánica, la concepción previa de los públicos marcan la
relación actual entre sociedad y quienes dirigen las instituciones. Solo una
gestión clara, transparente, abierta y sincera (en la medida que la estrategia
operativa lo permita) es el único camino para ganar el ánimo y la confianza de
los ciudadanos.
Al inicio de la crisis, el manejo comunicacional realizado por el
gobierno de Nicolás Maduro fue relativamente exitoso. Le habló al país
demostrando sinceridad, empezó un proceso de visualización de cifras y de
medidas explicadas que parecían tener el consenso entre tirrios y troyanos, no
obstante hubo un estancamiento en el camino de la percepción positiva ¿cuál
fue? No hubo readaptación.
A pesar que el criticado gobierno venezolano había alcanzado el
empoderamiento de la vocería del Covid-19, no supo refrescar su mensaje con
elementos comunicacionales que reforzaron la percepción inicial. Por ejemplo,
si Nicolás Maduro hubiera nombrado en su Comisión Especial Presidencial a
integrantes del Colegio de Médicos de Venezuela, otro gallo cantaría.
Aunque oficialmente Venezuela es uno de los países con menos contagios y
menos fallecidos en América Latina a raíz del Coronavirus, estas cifras no han
sido capitalizadas por Maduro, debido a que otras crisis paralelas, como la de
abastecimiento de combustible, ha terminado de hundir cualquier esfuerzo de
relanzamiento de la imagen del inquilino del Palacio de Miraflores.
En pocas palabras, Maduro no tiene credibilidad cuando habla de
cualquier aspecto económico, y comete un error al alejarse de los médicos
venezolanos (de alta consideración y respeto en el país) y apoyarse en la
asesoría china (tradicionalmente repudiados por la opinión pública del país) y
por cubanos, que por más de 20 años han sido el símbolo de la opresión en el
país caribeño.
He aquí el punto de la credibilidad. Cuando Nicolás Maduro habla de
recuperación económica, de programas sociales y alimenticios en medio de la
pandemia para los venezolanos, éstos no le creen. Y, por ejemplo, cuando Donald
Trump habla de reajuste y rescate económico los estadounidenses sí le creen,
¿la razón? El estadounidense posee credibilidad, ya que en este punto lo venía
concretando antes de la llegada del Coronavirus.
Además, ha sido un error comunicacional el permanente afán de Maduro y
su gobierno de comparar gestiones y resultados con EEUU, porque eso al final no
le importa al ciudadano de a pie.
Lo que si sería interesante, y lo dejaremos para otra columna, es el
equilibrar las acciones comunicacionales y de gestión de gobiernos como el de
Alberto Fernández en Argentina y de Nicolás Maduro en Venezuela.
¡Comunícate y hazlo bien!
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