lunes, 22 de junio de 2020

¿Por qué avanza el nacionalismo?


José Dionisio Solórzano

Rincón del Gurú-.  Muchos analistas y articulistas hablan de los supuestos peligros de los movimientos nacionalistas, gastan litros y litros de tinta para alertar sobre el presunto riesgo a los progresos sociales, la igualdad y el reconocimiento a sectores minoritarios. Sin embargo, no estudian a profundidad las razones sociológicas, psicológicas, históricas y comunicacionales del regreso de las expresiones nacionalistas en América y en Europa.

Hace prácticamente nada, hablar de nacionalismo solo era posible en las remembranzas de los años 30 y 40 del siglo pasado; para los eruditos de la neopolítica solo el progresismo y la neoizquierda eran las tendencias para el futuro de la humanidad. Se equivocaron.

En pleno siglo XXI renació la necesidad histórica y sociológica del despertar de un movimiento nacional, de ética y de valores tradicionales. Y en vez de sopesar los porqués de este despertar ideológico, pierden el tiempo en atacarlo sin comprender la razón de ser de estos movimientos.

La llegada al poder de Donald Trump en Estados Unidos de América, la victoria de Jair Bolsonaro en Brasil, el avance de Vox en España y de la Liga del Norte en Italia, la forma como la derecha nacionalista se abre paso en Europa, donde Orbán es la mejor representación de esto en Hungría, es una evidencia que el mundo dio un giro y las sociedades aspiran a una defensa de sus valores tradicionales.

Por mucho tiempo la neoizquierda, sumergida en el marxismo cultural y la ideología de género cambió el viejo esquema de "pobres contra ricos", sobre todo en Europa y en América del Norte, para transformarlo en varios nuevos polos, como por ejemplo: Mujeres Vs. Hombres, Musulmanes Vs. Cristianos, Homosexuales vs. Heterosexuales, Ateos vs. Creyentes, Libertad vs. Orden.

Así emergió un movimiento de supuesta inclusión, que por la vía de los hechos excluyó a los conservadores y a aquellos sectores que creían en el valor de la tradición, la moral y lo nacional.

Es así como los blancos en Estados Unidos le temían, y en cierta manera aún le temen, a que un acto suyo sea interpretado como xenófobo hacia los afroamericanos. Asimismo, el feminismo mata a los caballeros, y el ser heterosexual es calificado como retrógrado, pasado de moda y hasta absurdo.

Esta presión social, que silentemente se fue abriendo paso desde mediados de 1980 hasta la actualidad, tenía que provocar una reacción, y pasó lo que tenía que pasar.

Han emergido líderes en el mundo que dicen sin miedo: "soy blanco y qué", están apareciendo dirigentes que aseguran que "creo en Dios y creo en la Iglesia", aparecen voces que recorren un continente diciendo: "mi país es mío y no de los extranjeros".

No se trata de un capricho, sino de la reacción de las sociedades conservadores del mundo que han encontrado a representantes que están alzando las banderas de su nacionalismo, de sus tradiciones y de su moral.

Para hacer un adecuado análisis no se puede minimizar el nacimiento de los movimientos nacionalistas, sino que se deben comprender y asimilar, ya que éstos son parte de un despertar de los pueblos, de la respuesta a un impulso creado desde la izquierda.

P.D: Grave error de los neosocialistas al pensar que sus estímulos no causarían una reacción. La respuesta está aquí, el despertar de los valores.

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