Por José Dionisio Solórzano
Rincón del Gurú-. Durante este año electoral el presidente de
los Estados Unidos de Norteamérica ha vivido tres momentos distintos; su
carrera por la reelección se convirtió en una montaña rusa de emociones,
tendencias y simpatías que haría volver loco a cualquier analista político y
comunicacional.
El primer momento lo constituyeron los iniciales meses del año 2020,
incluyendo el proceso de selección del abanderado del Partido Demócrata.
Durante los meses de enero, febrero, marzo e incluso abril, la permanencia de
Donald Trump en la Casa Blanca era un hecho.
Hasta el triunfo de Joe Biden, por la nominación demócrata, daba a
interpretar que la victoria republicana sería aún más clara y contundente,
debido a un rival con poco carisma y encanto.
Sin embargo, apareció el segundo momento. El brote de Covid19 en Estados
Unidos, los problemas suscitados con este virus, el aumento del desempleo, la
crisis económica que desató, el desatinado manejo de la coyuntura de salud,
todo eso ocasionó un efecto negativo entre las simpatías del líder republicano.
Donald Trump cayó en las encuestas, su reelección casi segura empezó a
desmoronarse. Biden, no tuvo que hacer nada, simplemente aguardar que el mismo
Trump destruyera su obra y sus propias fortalezas.
Aunado a la crisis de salud y a sus consecuencias económicas y las
pugnas entre el Gobierno Federal y algunos estados de la unión, se le debe
sumar los sucesos en torno a la muerte de George Floyd, la cual originaron una
«revuelta racial».
Las manifestaciones del movimiento «Antifa», las cuáles han azotado a
ciudades como Portland, en el estado de Oregón (noroeste de
EE.UU.), donde ya casi suman 100 días de protestas violentas, las cuales
han obligado a las fuerzas del orden a reaccionar ante los destrozos y anarquía
generados por los grupos de extrema izquierda que promueven las
manifestaciones.
Estos dos hechos ponían en duda la victoria del Donald Trump, y las
encuestadoras empezaron a publicar números que daban hasta más de 7 puntos de
ventaja para Biden. No obstante, llegó el tercer momento.
Con el arranque de la campaña, con la aceptación de las nominaciones
republicana y demócrata se empezaron a alinear los astros para el candidato de
GOP y ocupante de la Casa Blanca.
La comparación de los discursos en las convenciones era impostergable.
Donald Trump lució claro, directo, seguro de sí mismo, habló de sus logros en
los 4 años de su gobierno, afirmó que Estados Unidos ha avanzado, habló de los
riesgo y el retroceso para la nación si su competidor llegase a ganar en
noviembre, dijo que "si Biden gana, China será el dueño de Estados
Unidos", con lo cual reforzó la vinculación de su rival con el "malo
extranjero" consolidando su línea de discurso que ha marcado su carrera
política.
En cambio, Joe Biden leyó un discurso relativamente bueno (todos usan el
teleprónter ) sin embargo no supo imprimirle emoción, chispa o encanto. Habló
sin picante, sin convicción, y sin despertar en la audiencia un sentimiento de
emotividad. Sin duda, es un mal candidato.
Después de las dos proclamaciones, hasta las encuestadoras más liberales
y pro-demócratas han tenido que reconocer que Trump acortó distancia, ahora se
encuentra a tan solo un punto del demócrata y subiendo…
En conclusión, el resultado en noviembre será interesante, aunque sigo
creyendo que Donald Trump continuará despachando desde la oficina oval por 4
años más.
¡Comunícate y hazlo bien!
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