José Dionisio Solórzano / @jdionisioss
Se acuerdan cuando el presidente de la República de Colombia, Gustavo Petro, se pronunció por un Twitter sobre la victoria del “No” en el plebiscito constitucional de Chile, aseverando que “Pinochet revivió”.
O cuando exteriorizó su rechazo a la detención del para entonces presidente del Perú, Pedro Castillo, y su reiterado apoyo a las protestas de los simpatizantes de éste contra el actual gobierno de Dina Boluarte.
Además, Petro no tardó absolutamente nada cuando envió todo su “amor” al presidente Lula Da Silva después del asalto que sufrió el Congreso brasileño, calificando el acto de los seguidores de Jaír Bolsonaro como “inaceptable” y como “fascismo”.
El mandatario neogranadino se ha empeñado en asumir una especie de liderazgo de la izquierda continental, expresando sin cesar opiniones controvertidas alrededor de diferentes hechos.
Y, más recientemente ha entrado en un debate por redes sociales con el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, alrededor del asunto de los Derechos Humanos y como el gobierno salvadoreño viene tratando a las “Maras” – grupos delincuenciales de aquella nación –.
A la par, el presidente de los Estados Unidos Mexicanos, Juan Manuel López Obrador (AMLO) ha venido haciendo lo propio y ha marcado posiciones sobre el acontecer de Latinoamérica.
Primero, expresó su apoyo irrestricto a Pedro Castillo aseverando que el exmandatario peruano fue derribado de la presidencia del Perú a través de un “ardid de la derecha”.
AMLO también marcó posición ante los sucesos de Brasil y envió un espaldarazo a su homólogo Lula Da Silva e igualmente atacó a los seguidores bolsonaristas.
Sobre la decisión de Nicolás Maduro – presidente de Venezuela – de no asistir a la reunión de la CELAC, reiteró su apoyo a éste y argumentó que el mandatario de la nación llanera iba a sufrir un “ataque de la derecha”.
No hay que olvidar que el gobernante mexicano nunca dejó de reconocer a Nicolás Maduro en medio del conflicto de legitimidad acarreados después de la juramentación de Juan Guaidó como presidente de la llamada transición venezolana.
Ahora bien, ¿por qué razón hago este recuento? Como pudieron leer tanto los presidentes de Colombia y México están optando por una especie de liderazgo de la izquierda continental, pues olfatean el vacío actual en este espacio.
Luego de la desaparición de Fidel Castro y de Hugo Chávez, la izquierda – con la fuerza real que poseen en el continente – quedó acéfala. Sin un guía o conductor, pues a pesar que en Chile, Venezuela, Nicaragua y Argentina gobiernan socialistas, éstos no han logrado capitalizar un liderazgo fuera de sus fronteras.
Gabriel Boric, presidente de Chile, y Alberto Fernández, presidente de la Argentina, no han optado por esta posición, y Nicolás Maduro de Venezuela tampoco ha podido, esto motivó a AMLO y Petro a querer ocupar el espacio, y han apretado el acelerador luego de la llegada al poder de Lula en Brasil.
Ya el jefe de Estado brasileño inició su proceso de reposicionamiento de su poder de influencia en el continente. Recordemos que por mucho tiempo Lula fue el contrapeso, más moderado, del liderazgo socialista en América, en los tiempos de Hugo Chávez Frías.
La izquierda tiene varios gobiernos latinoamericanos en sus manos, y tienen un plan en plena ejecución, sin embargo pareciera no tener un timonel claro.
¡Comunícate y hazlo bien!

La izquierda latinoamericana, sin un líder, es un rebaño sin pastor o, mejor dicho, una jauría sin macho alfa, se limitan a repartir zarpazos a diestra y siniestra, pero sin llegar a consolidar nada, gracias a Dios.
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