martes, 17 de mayo de 2016

Dime que tuiteas


Rincón del Gurú-.  ¿Dime qué tuiteas? ¿Cuéntame que publicas en tu perfil de Facebook o en tu cuenta de Instagram? Así poder entenderte.

En esta era dominada por la proliferación de Redes Sociales y por una cultura de los “likes” y “seguidores” y de trasmisión de pensamientos a través de canales públicos como el internet, podemos realizar evaluaciones periódicas del comportamiento e inclinaciones psicológicas tanto de un individuo en particular como de una sociedad.

Existen estudios de personas silenciosas, introvertidas, reservadas que en las Redes Sociales exteriorizan todos sus sentimientos y emociones que en la vida real, o  podemos llamar offline, callan.

También podemos analizar a individuos que crean en torno suyo un universo alterno, mundos de fantasías que reflejan tanto sus carencias como sus más profundos anhelos de crecimiento o de aceptación social.

 Al observar con detenimiento y reflexión lo que generamos a través de las Redes Sociales podemos entender mucho de nuestros propios rasgos psicológicos.

Más allá a las enfermedades psicológicas generadas por las Redes Sociales, este nuevo esquema de comunicación plenamente democrático mezcla la intimidad de los pensamientos con la universalidad del anonimato.

Porque en la red somos nosotros mismos en un océano de individualidades que mutan el “yo” en “nosotros”. Se crea una comunidad de desconocidos, de humanos sin rostros, sin cuerpo, pero que expresan emociones.

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Esta nueva relación interpersonal (a distancia) y detrás de la protección de una PC o teléfono móvil rediseña los paradigmas de comportamientos  psico-sociales.

Cuando generamos contenido, aunque sea planificado y estudiado, estaremos revelando al mundo el quiénes somos, y el qué buscamos.

Twitter, al igual que Facebook e Instagram, es una ventana constantemente abierta a nuestra mente, a nuestra concepción de la sociedad y del mundo, de nuestra percepción de aquello que nos rodea.
Y no sólo es lo que publicamos, sino a quienes seguimos.

¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! Aquel viejo adagio: ¿dime con quién andas y te diré quién eres? Lo readaptamos, los evolucionamos, cual teoría de Darwin, y ahora podemos decir, sin ningún tapujo, ¿dime a quién sigues y te diré quién eres? O aún mejor ¿dime qué compartes y te diré quién eres?

En Twitter por lo general expresamos nuestras opiniones más serias desde el punto de vista social, político y económico, debido a esto esta red social es un laboratorio de consulta sociológica y psicológica para las marcas comerciales, industriales y políticas.

A través de Twitter tanto los clientes de uno, como los electores de otros, van “vociferando” en 140 caracteres sus opiniones, expectativas, creencias y gustos, lo que permite a las marcas  realizar un permanente estudio de mercado.




En Facebook somos más nosotros mismos. Compartimos nuestras buenas y malas experiencias,  exteriorizamos nuestros miedos, angustias, alegrías, triunfos, somos más nosotros, más humanos, más individuales y respondemos menos a temas sociales.

Podemos decir, si es que nos lo permiten, que mientras Twitter es una plataforma que nos facilita el estudio sociológico, Facebook es una herramienta para entender el “yo”, a cada quien por lo que es, quiere ser, o intenta ser, en pocas palabras un diván en la web.

Instagram, por su parte, es la herramienta de “alter ego”. Del “yo” supervalorado, en la exposición más radical de lo que queremos aparentar ser.



Debido a esto, Instagram es una de las principales Redes Sociales, donde se generan más trastornos psicológicos, como por ejemplo el selfitismo.


Lo cierto es que en las Redes Sociales siempre dejamos la huella indeleble de lo que creamos en nuestro subconsciente. 

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