lunes, 30 de enero de 2017

Neuropolítica

Rincón del Gurú-.  Bien lo afirma el profesor Daniel Eskivel “ganamos o perdemos la elección en el cerebro del elector”.

Y así es. El votante promedio no es racional, por el contrario los votantes decidirán por quién hacerlo motivados por conceptos y percepciones totalmente irracionales o emotivas.

Según la neurociencia, el 95% de los procesos mentales del ser humano se producen en la mente de forma inconsciente, es decir, no tenemos control de ellos.

Esto nos indica que existen detonantes que nos empujan o “motivan” a tomar una decisión de compra o de voto hacia un producto determinado o un candidato.

La neurociencia es una rama de estudio que evalúa y analiza el comportamiento cerebral ante los distintos estímulos. Esta especialización ha sido absorbida por el marketing para evaluar y perfeccionar los procesos psicológicos de los clientes para optimizar su proceso de venta.

 En otras palabras, los datos que la neurociencia suministra guarán parte de nuestra estrategia de posicionamiento del producto. Y es así como el marketing y el marketing político, y las estrategias de comunicación política,  adoptan esta información para promover sus mensajes.

La neuropolítica es la aplicación de los datos neurológicos de los electores dentro del esquema estratégico y táctico de una campaña electoral.

Expliquemos un poco más el meollo del punto.

Diversos estudios evidencian que cuando una persona es expuesta a un producto se enciende su núcleo accumbens, una región cerebral asociada con el placer y la recompensa que genera son descargas de dopamina.

Es decir, las características no racionales del candidato tendrán más empatía con los votantes que cualquier exposición de propuestas, planes o propósito del aspirante a dirigir una ciudad, estado o nación.

Un candidato, o su equipo de campaña, que emplee mecanismos de neuropolítica, lograrán con argumentos emocionales captar más seguidores que lo premiarán con el voto.

Por ejemplo, racionalmente hablando los actuales presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Donald Trump, y de México, Enrique Peña Nieto, no deberían estar sentados en sus respectivos asientos de poder.

No obstante, ellos dos lograron crear una relación emocional y nada racional con sus electores.

Peña Nieto –el representante de un partido político cuestionado (El PRI)- se alzó con el poder en la nación azteca, ¿la razón?: la neurociencia.

La apariencia de “gala de telenovela”, su jovialidad, la frescura de su discurso, las escenas creadas en su entorno, todo fueron creando estímulos irracionales en sus públicos meta, que lo llevaron a ganar la elección.

Donald Trump, el caso más reciente, dijo lo que “muchos querían oír”, pero que pocos estaban dispuestos a decir.

El actual inquilino de la Casa Blanca, envió mensajes que iban directos al sistema límbico del cerebro controlado por la amígdala, y justamente aquí es donde se generan los sentimiento negativos como el temor.

Y no sólo que generó miedo, sino hacia quién lo generó. Según el discurso de Trump los “malos” eran los mexicanos, pero él tenía la fórmula de solucionarlo y de “hacer grande a América otra vez”.

La neuropolítica es una práctica necesaria para saber cómo captar y “enamorar” a los votantes.

¡Comunícate y hazlo bien!




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