Rincón del Gurú-. Dime qué mensaje usas y te diré quién eres.
Los mensajes esgrimidos por una
figura pública, o no, determinarán los conceptos que de él posean sus
respectivos públicos.
Recordemos, el mensaje no sólo se
basa en lo que decimos y como lo decimos, sino que va más allá de esa llana
división.
Nuestra comunicación no verbal,
nuestra vestimenta, nuestros gestos faciales, el movimiento de nuestras manos,
todo envía una serie de mensajes que se concentran en la mente de nuestros
interlocutores.
El timbre de voz, nuestra
presencia, van construyendo en la mente de quienes nos ven y escuchan,
conceptos, percepciones y opiniones de lo que ellos creen que somos.
Cuando lo que trasmitimos con
nuestra voz, vestimenta, colores, movimientos y gestos, tienen ilación con las
palabras que emitimos el impacto es correcto. No obstante, cuando es a la
inversa y lo que transmitimos genera “ruido” con aquello que decimos será la chispa
para que encienda el incendio de la desconfianza y la incredulidad entre los
públicos.
No podemos decir algo por la boca
y otra muy distintas con nuestros actos.
Ustedes se imaginen a Donald
Trump siendo amable, llamando al entendimiento y al encuentro entre todos, o
utilizando un todo de voz afable y cordial.
¿Qué es eso? ¿Quién eres tú y
dónde está Trump? Estas serían las preguntas que de lleno saltarían a nuestra
cabeza de forma inmediata.
Por ejemplo, cuando el Presidente
de los Estados Unidos quiere ser gracioso, sus palabras van cargadas de una
fuerte dosis de sarcasmo y agresividad que crean relación con “quién es Trump”.
En otros tiempos, era inaudito
observar al expresidente venezolano el Dr. Caldera diciendo chistes o actuando con la
informalidad que luego va a caracterizar a Hugo Chávez, o era totalmente
impensable imaginarnos a un Chávez siendo condescendiente con sus enemigos
políticos o pidiendo perdón por algún error que haya cometido.
El ex presidente de Venezuela, Hugo
Chávez, emitía una comunicación que mezclaba agresividad y jovialidad. Ambas caracterizas
de sus mensajes, los cuales eran reforzados por su discurso guerrerista y sus
risotadas altisonantes.
El político siempre será igual al
mensaje que emite.
Será el mensaje lo que construya
en la mente de los electores creencias y opiniones de los personajes públicos.
Frente a esto, una estrategia de
comunicación política tendrá siempre que evaluar cuál es el conocimiento y
opiniones previas de la opinión pública sobre el candidato o líder político,
para a base de esto estructurar el mensaje integral del mismo.
¡Comunícate y hazlo bien!
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