Rincón del Gurú-. Marine
Le Pen, la líder de la extrema derecha gala, y quien se disputará la presidente
de la República de Francia contra el centrista Emmanuel Macron, ya empezó a
mover sus hilos comunicacionales para hacerse con la silla del Elíseo.
Sus mensajes ultranacionalistas
son muy extremos para la mayoría de los conservadores del Partido Republicano
que postuló en la primera vuelta a François Fillon, quien quedó fuera de la
contienda al quedar en la tercera plaza.
No obstante, estratégicamente Le
Pen inició su cadena de mensajes para acercarse a los electores conservadores
franceses.
Ya aseveró que derogará la Ley
que avala la unión entre personas del mismo sexo, lo que la acerca a estos
sectores que conciben esta legislación como violatoria de los principios morales.
Esta acción se concatena con la campaña, desde la primera
fase de la elección, que acusa al líder de “En Marche” de mantener una
relación homosexual como un connotado directivo de una cadena mediática
pública.
Y aunado a esto, los fuertes
rumores que el matrimonio de Macron con su antigua exprofesora, unos 20 años
mayor que él, obedece a una intencionalidad de ocultamiento de sus reales preferencias
sexuales.
La finalidad de esta coyuntura es
que los sectores más católicos de la Francia profunda se decidan a favor de la
líder de la extrema derecha y obvien cualquier insinuación de apoyo hacia
Macron.
Otro de los aspectos que estamos
observando de la campaña, es el llamado de Le Pen a todos los sectores
minoritarios de Francia para que la apoyen porque ella “los representará”.
Además, ante la visión elitista
de Macron, Le Pen ya desató una campaña de vinculación con los sectores más desposeídos
de Francia, como por ejemplo la clase trabajadora.
“Soy la candidata del pueblo”, ha
dicho hasta la saciedad para marcar una diferencia con su oponente, quien posee
demasiadas vinculaciones económicas como para negarlo en el desarrollo de la
campaña electoral.
Por otro lado, la heredera de la
ultraderecha gala ha consolidado su discurso nacionalista en procura de
reforzar los nexos que su rival posee con empresarios y hombres públicos que
profesan la fe del Islam.
Es decir, la “campeona de la
cristiandad” es Le Pen, mientras que Macron un traidor de la cultura francesa.
Como lo ya lo afirmamos en el
artículo anterior, las estructuras políticas de los socialistas y los republicanos
cerraron filas con Macron, en una especie de TOCOPEN (Todos Contra Le Pen), mas
creo que la tarea no le será fácil al dirigente centrista.
Y más cuando la extrema izquierda
en una jugada, que dejó boquiabiertos a más de uno, dejó a su militancia en
libertad de consciencia para que decida
su voto, prácticamente lanzándolos a los brazos de sus ultra-enemigos: los
neo-fascistas.
Si Le Pen logra enamorar por lo
menos el 30% del voto de los conversadores, si suma el 50% de las simpatías que
había amalgamado Jean-Luc Mélenchon a su alrededor, más los votos de los candidatos
menores, entonces la líder del Frente Nacional tiene oportunidad de hacerse con
el poder en Francia.
¡Comunícate y hazlo bien!
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