Por José Dionisio Solórzano
Rincón del Gurú-.
Tal vez empujado por mi condición de exprofesor de la cátedra de Teoría de la
Comunicación, y recordando al recientemente fallecido maestro, comunicador y
filósofo, Antonio Pasquali, me voy a
permitir disertar en las próximas líneas sobre la destrucción del valor de la
información.
Primero iniciemos por aclarar que los medios tradicionales, es decir,
prensa, radio, televisión y el cine, no han sido y ni son medios de
comunicación, sino que su función ha sido el de canales de información. Entiéndase
que a través de estos medios el mensaje solo se emite, lo cual indica que no
hay retroalimentación.
Fue, hace poco, con la creación de las aplicaciones de comunicación
digital y con las Redes Sociales, que empezamos a disponer de medio reales de
comunicación, donde, en palabras del profesor Pascali, se logró “el todos
emisor”.
Mediante el uso de las Redes Sociales, todos y cada uno de aquellos que
tengan acceso a internet se transformaron en emisores. Dejó de existir el
receptor y/o perceptor pasivo de los mensajes, evolucionando así a una posición
activa dentro del proceso de comunicación.
Esto ha sido un salto enorme en los procesos de comunicación humana y
social, no obstante ha traído consigo la muerte del valor de la información. Y,
¿qué se entiende con esto? En el pasado cuando una noticia aparecía en un
periódico, este solo hecho, la revestía de veracidad automática, y a pesar de
la aparición de la prensa amarillista y de la prensa sensacionalista, los
lectores seguían, en gran medida, confiando en las informaciones que se
difundía por los diarios, semanarios, mensuarios y por los noticieros de radio,
televisión y por el cine.
Hoy, esto cambió. El flujo de información es tan masivo y rápido que los
niveles de confiabilidad han caído al suelo. La búsqueda de la inmediatez
asesinó vilmente al proceso de verificación periodística, la democratización
del poder de emisión de mensajes por cada ciudadana, ha hecho que campañas de
desinformación, rumores o las ahora llamadas Fake News, se propaguen por doquier sin prácticamente controles.
Y más allá de la ausencia de medios para controlar el flujo de la
información veraz o no, lo preocupante es la ausencia gravísima de responsables
de los errores en la transmisión de información falsa o errónea.
Podemos afirmar que la masificación de la capacidad de comunicación se devoró
a la transparencia informativa y a la responsabilidad personal de la propagación
de la información.
El mundo vive, en cierta medida, una crisis de información. Ya no por
culpa de los monopolios de los medios de comunicación, sino por una
popularización de los medios y canales, que en el fondo repercutió brutalmente
en la seriedad, confiabilidad y pluralidad del mensaje a distribuirse.
¡Comunícate y hazlo bien!
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