lunes, 28 de octubre de 2019

Destrucción del valor informativo


Por José Dionisio Solórzano

Rincón del Gurú-. Tal vez empujado por mi condición de exprofesor de la cátedra de Teoría de la Comunicación, y recordando al recientemente fallecido maestro, comunicador y filósofo,    Antonio Pasquali, me voy a permitir disertar en las próximas líneas sobre la destrucción del valor de la información.

Primero iniciemos por aclarar que los medios tradicionales, es decir, prensa, radio, televisión y el cine, no han sido y ni son medios de comunicación, sino que su función ha sido el de canales de información. Entiéndase que a través de estos medios el mensaje solo se emite, lo cual indica que no hay retroalimentación.

Fue, hace poco, con la creación de las aplicaciones de comunicación digital y con las Redes Sociales, que empezamos a disponer de medio reales de comunicación, donde, en palabras del profesor Pascali, se logró “el todos emisor”.

Mediante el uso de las Redes Sociales, todos y cada uno de aquellos que tengan acceso a internet se transformaron en emisores. Dejó de existir el receptor y/o perceptor pasivo de los mensajes, evolucionando así a una posición activa dentro del proceso de comunicación.  

Esto ha sido un salto enorme en los procesos de comunicación humana y social, no obstante ha traído consigo la muerte del valor de la información. Y, ¿qué se entiende con esto? En el pasado cuando una noticia aparecía en un periódico, este solo hecho, la revestía de veracidad automática, y a pesar de la aparición de la prensa amarillista y de la prensa sensacionalista, los lectores seguían, en gran medida, confiando en las informaciones que se difundía por los diarios, semanarios, mensuarios y por los noticieros de radio, televisión y por el cine.

Hoy, esto cambió. El flujo de información es tan masivo y rápido que los niveles de confiabilidad han caído al suelo. La búsqueda de la inmediatez asesinó vilmente al proceso de verificación periodística, la democratización del poder de emisión de mensajes por cada ciudadana, ha hecho que campañas de desinformación, rumores o las ahora llamadas Fake News, se propaguen por doquier sin prácticamente controles.

Y más allá de la ausencia de medios para controlar el flujo de la información veraz o no, lo preocupante es la ausencia gravísima de responsables de los errores en la transmisión de información falsa o errónea.

Podemos afirmar que la masificación de la capacidad de comunicación se devoró a la transparencia informativa y a la responsabilidad personal de la propagación de la información.

El mundo vive, en cierta medida, una crisis de información. Ya no por culpa de los monopolios de los medios de comunicación, sino por una popularización de los medios y canales, que en el fondo repercutió brutalmente en la seriedad, confiabilidad y pluralidad del mensaje a distribuirse.

¡Comunícate y hazlo bien!

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