Por José Dionisio Solórzano
Rincón del Gurú-. Analicemos
rápidamente el caso de Ecuador. Observamos por las Redes Sociales y por la
televisión la ola de manifestaciones en contra de las medidas económicas
dictadas por el presidente Lenin Moreno, y vemos como la izquierda ecuatoriana
y latinoamericana lanzas sus dardos en contra del Gobierno de aquella nación.
Lo que, desde el punto de vista comunicacional, vale la pena resaltar es
como los partidos y voceros de la izquierda cambian de posición y de concepción
de lo “bueno” y de lo “malo” de acuerdo con el protagonista de los hechos.
Durante las reiteradas etapas de protestas de calle en Venezuela, muchos
voceros de los movimientos, partidos y gobiernos de izquierda hicieron mutis y,
si eran más temerarios, acusaban a las manifestaciones venezolanas como “estrategias
del Imperio yanqui”.
Cuando en Venezuela los jóvenes manifestantes se defendían de las
fuerzas del orden público los voceros de la izquierda los etiquetaban como “guarimberos”,
término nacido en la propia Venezuela, pero cuando las expresiones populares
son en contra de un gobierno que no es de izquierda, entonces el discurso se
suaviza y argumentan que los hechos habían sido una respuesta de “legítima
defensa del pueblo”.
Repasemos esto rápidamente; cuando los manifestantes actúan con
agresividad en contra de un Gobierno de izquierda son “guarimberos”, “delincuentes”,
“tarifados de la derecha” e incluso “paralimitares”, pero cuando las acciones
son en contra de un gobierno de derecha o no socialista entonces la agresividad
pasa a ser “justa”, “necesaria” o de “legítima defensa popular”.
Cuando Hugo Chávez en Venezuela cerró canales de televisión y estaciones
de radio, los movimientos de izquierda no abrieron la boca; cuando Nicolás
Maduro mandó a sacar de las cableras canales como NTN24, BBC, Fox News, CNN en
Español, no pasó nada, no obstante ahora que Lenin Moreno saca de la parrilla
de programación a Telesur, entonces sí hay una violación de la Libertad de
Expresión.
Los voceros de los partidos socialistas poseen una capacidad de moldear
el discurso y adaptarlo a las circunstancias, y este fenómeno no sólo lo palpamos y/u observamos en América Latina,
sino en la misma política española. Para dirigentes como Pablo Iglesias o Gabriel
Rufián, la lucha de los pueblos es necesaria y Fidel Castro en Cuba fue “un
demócrata” mientras que Augusto Pinochet en Chile un “dictador carnicero”.
La dualidad del discurso funciona hasta un punto, antiguamente en la era
analógica era más fácil contradecirse, y desdecirse, pero en un mundo
hiperconectado, donde todo el mundo grabó, fotografió o subió en una nube las declaraciones
de los actores políticos, la conveniencia de esta dualidad posee un límite cada
vez más marcado.
Por ejemplo, el fenómeno comunicacional de “Pepe” Mujica en Uruguay,
quien fue halagado por propios y extraños durante su presidencia, hasta qué
punto su buena imagen se ha mantenido intacta luego de su mutismo frente a lo acontecido
con los gobiernos socialistas en Venezuela y en Nicaragua.
La estrategia comunicacional y política detrás los hechos en Ecuador pudiera
convertirse en un boomerang en todo el continente, siempre y cuando los
movimientos conservadores o democráticos aprovechen y visualicen la “doble
moral” de la izquierda.
¡Comunícate y hazlo bien!
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