lunes, 20 de julio de 2020

El Discurso Político


Por José Dionisio Solórzano

Rincón del Gurú-.  Luego de diseñado el mensaje estratégico, debemos estructurar el discurso político, éste es, y debe ser, el complemento de aquél, el factor que le dará cuerpo y forma.
El discurso político debe ser emotivo, irracional y empático. Debe estar estructurado como eje aglutinador de elementos políticos, sociales y económicos.

Un discurso debe estar cargado de planteamientos, sin convertirse en un listado de promesas; debe ser anecdótico sin que el orador se transforme en un narrador; debe ser corto y dinámico, que atrape y motive.

La vieja oratoria rebuscada y engominada, quedó en las postrimerías del siglo pasado. El discurso político debe ser directo, simple, creador y envolvente y debe unificar ideas claras, propuestas puntuales, elementos psicológicos y un tono adecuado, para el momento adecuado.

El discurso político debe iniciarse de una forma contundente para captar la atención de los públicos. ¿Y cómo lograr este primer impacto? A continuación enumeraré tres formas recomendables para que el discurso comience exitosamente:

1. La anécdota y/o relato: Un buen discurso puede empezar relatando una anécdota, un episodio real o ficticio que llame la atención, que cause empatía y permita a la audiencia identificarse con la historia y con el orador.

El relato le dará sustento al discurso y piso a las ideas posteriores; le facilitará el nivel de comprensión de los públicos y repercutirá directamente en el impacto de las emociones de los oyentes.

Un adecuado relato nos sirve para enamorar, inspirar, motivar y movilizar a los públicos, es una palanca de acción que eleva la figura del narrador-orador, y permite que la imagen de éste sea asociada con los elementos empáticos que podrían influir en los apoyos posteriores.

2. La Pregunta: Comenzar con una pregunta activa la atención de los públicos, hace que estos reflexionen sobre un tema particular y abre la posibilidad de un intercambio directo o indirecto entre el orador y la audiencia.

La pregunta puede ser retórica o simplemente una interrogante que abrirá el camino para las ideas y conceptos a desarrollarse en el resto del discurso. Además, es una forma de centrar el consciente y el inconsciente en el tema o punto que nos interesa abordar en el discurso.

3. La afirmación: Empezar hablando con una afirmación contundente eleva el interés de los oyentes, impacta y centra  los esquemas de las audiencias en el punto que nos interesa. Causa una alta impresión, en la medida del tipo de mensaje que se emplee.

Una acusación, una cifra, una aseveración tal cual, es la mejor forma de apuntalar la direccionalidad del discurso y, además si se emplea con el tono y las palabras adecuadas, puede permitir ubicar la afirmación en la psiquis de los oyentes.

A pesar que transitamos una era digital, donde la síntesis se ha apoderado de la redacción de los mensajes políticos, las alocuciones públicas de los políticos no dejan de perder vigencia.

Un discurso de campaña, que será transmitido por radio, televisión y en vivo por las Redes Sociales, ya no solo tiene el alcance de aquellos que lo presencian de cuerpo presente, sino que su alcance se ha multiplicado. Es por ello, que su estructura se ha modificado a los tiempos digitales, ya no es la retórica rimbombante de otros tiempos, sino que es una conversación elevada, y directa que amerita un estilo y una estrategia precisa para cada dirigente o candidato.

¡Comunícate y hazlo bien!















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