Por José Dionisio Solórzano
Rincón del Gurú-. Luego de diseñado el mensaje estratégico,
debemos estructurar el discurso político, éste es, y debe ser, el complemento
de aquél, el factor que le dará cuerpo y forma.
El discurso político debe ser
emotivo, irracional y empático. Debe estar estructurado como eje aglutinador de
elementos políticos, sociales y económicos.
Un discurso debe estar cargado de
planteamientos, sin convertirse en un listado de promesas; debe ser anecdótico
sin que el orador se transforme en un narrador; debe ser corto y dinámico, que
atrape y motive.
La vieja oratoria rebuscada y
engominada, quedó en las postrimerías del siglo pasado. El discurso político
debe ser directo, simple, creador y envolvente y debe unificar ideas claras,
propuestas puntuales, elementos psicológicos y un tono adecuado, para el
momento adecuado.
El discurso político debe
iniciarse de una forma contundente para captar la atención de los públicos. ¿Y
cómo lograr este primer impacto? A continuación enumeraré tres formas
recomendables para que el discurso comience exitosamente:
1. La anécdota y/o relato: Un
buen discurso puede empezar relatando una anécdota, un episodio real o ficticio
que llame la atención, que cause empatía y permita a la audiencia identificarse
con la historia y con el orador.
El relato le dará sustento al
discurso y piso a las ideas posteriores; le facilitará el nivel de comprensión
de los públicos y repercutirá directamente en el impacto de las emociones de
los oyentes.
Un adecuado relato nos sirve para
enamorar, inspirar, motivar y movilizar a los públicos, es una palanca de acción
que eleva la figura del narrador-orador, y permite que la imagen de éste sea
asociada con los elementos empáticos que podrían influir en los apoyos
posteriores.
2. La Pregunta: Comenzar con una
pregunta activa la atención de los públicos, hace que estos reflexionen sobre
un tema particular y abre la posibilidad de un intercambio directo o indirecto
entre el orador y la audiencia.
La pregunta puede ser retórica o
simplemente una interrogante que abrirá el camino para las ideas y conceptos a
desarrollarse en el resto del discurso. Además, es una forma de centrar el
consciente y el inconsciente en el tema o punto que nos interesa abordar en el
discurso.
3. La afirmación: Empezar
hablando con una afirmación contundente eleva el interés de los oyentes, impacta
y centra los esquemas de las audiencias
en el punto que nos interesa. Causa una alta impresión, en la medida del tipo
de mensaje que se emplee.
Una acusación, una cifra, una
aseveración tal cual, es la mejor forma de apuntalar la direccionalidad del
discurso y, además si se emplea con el tono y las palabras adecuadas, puede
permitir ubicar la afirmación en la psiquis de los oyentes.
A pesar que transitamos una era
digital, donde la síntesis se ha apoderado de la redacción de los mensajes
políticos, las alocuciones públicas de los políticos no dejan de perder
vigencia.
Un discurso de campaña, que será
transmitido por radio, televisión y en vivo por las Redes Sociales, ya no solo
tiene el alcance de aquellos que lo presencian de cuerpo presente, sino que su
alcance se ha multiplicado. Es por ello, que su estructura se ha modificado a
los tiempos digitales, ya no es la retórica rimbombante de otros tiempos, sino
que es una conversación elevada, y directa que amerita un estilo y una
estrategia precisa para cada dirigente o candidato.
¡Comunícate y hazlo bien!
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