Por José Dionisio Solórzano
Rincón del Gurú-. Las fuerzas de oposición en países como
Venezuela y México han basado parte de su discurso político en la producción de
burlas y chistes para menospreciar la imagen de sus oponentes que ejercen el
poder; sin embargo, la efectividad de este procedimiento es muy baja y no sirve
ni para debilitar al gobierno ni menos para ganar adeptos y/o votos.
¿Cuántas veces llamaron ignorante a Hugo Chávez? Las veces fueron tantas
que son incontables, no obstante esto jamás le arrebató el poder ni el favor de
millones de venezolanos que hasta el 2012 le votaron.
¿Cuántas veces, en la actualidad, han calificado de "burro" a
Nicolás Maduro? Otra cifra que no puede ser recordada, sin embargo el actual
ocupante de Miraflores aún sigue en la silla presidencial y logró sobrevivir
políticamente a más de una crisis política, social y económica.
Entonces, menospreciar al oponente y el empleo de sobrenombres o de
acusaciones de ignorancia no le resta poder político ni electoral a nadie. Por
el contrario, se convierte en una fortaleza para los gobernantes, ya que sus
rivales no le creen en la capacidad de reaccionar y al hacerlo toman por
sorpresa a aquellos que minimizaron su inteligencia o aptitudes.
Vemos como esta práctica se está repitiendo en México, donde la
oposición comete el error de ponderar erróneamente a Andrés Manuel López
Obrador, actual Presidente, como un ignorante, loco o enfermo. Y mientras los
sectores que adversan al gobierno pierden un valioso tiempo en estas tonterías,
en el Palacio de Gobierno avanzan en un plan de control y hegemonía, tal vez
copiado o inspirado en lo sucedido en Venezuela.
Ni López Obrador es un tonto, ni Nicolás Maduro un burro. Si ambos
llegaron al poder por algo será. A ninguno de los dos se le regaló la
presidencia, los dos presidentes escalaron posiciones, se mantuvieron vivos en
esa jauría que es la política y llegaron a acceder al poder. Si esto no es una
expresión de inteligencia, entonces no sé lo que algunos políticos entiende lo
que ésta es.
En vez de criticar como hablan los presidentes, en vez de hacer mofa con
algún error de dicción o lapsus, la oposición debería estar generando políticas
que sí repercuten en su imagen en la opinión pública. Empero, pareciera que el
meme, el gif y el video viralizado, que pudieran ser tácticas de comunicación
política aceptables, son tomadas por algo más, y son utilizadas como la
estrategia misma para lograr a un fin.
En ocasiones, como ya hemos visto que sucede con Maduro y López Obrador,
su poca capacidad oratoria, sus errores al hablar, su poca vehemencia ha sido
transformada en una virtud comunicacional. Y, ustedes se preguntarán ¿cómo es
eso? ¡Fácil! Al no ser duchos en la materia retórica, ambos líderes venden una
imagen más cercana al pueblo, más común y familiar, distanciándose así de la
vieja casta política e intelectual que por lo general gozan de poca simpatía
entre los sectores más desposeídos de nuestras sociedades latinoamericanas.
Mientras la oposición mexicana y venezolana no entiendan que a sus
respectivos pueblos no les interesa la capacidad intelectual de sus líderes,
mientras no comprendan que existen realidades que son obviadas en el debate
político y mientras no construyan una estrategia coherente, nunca lograran sus
objetivos de llegar al poder.
Las burlas no tumban gobierno, y en ocasiones hasta pueden tener un
impacto positivo hacia quien es objeto de la mofa, ya que pueden humanizar su
figura, generar empatía con un sector de la sociedad e incluso identificarlo
con un segmento de la sociedad marginado.
Por todo esto, cuidado con estas acciones en tu diseño de comunicación
política.
¡Comunícate y hazlo bien!
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