Por José Dionisio Solórzano
Rincón del Gurú-. Luego
de su designación como Presidente de la Asamblea Nacional, realizada el 5 de
enero del 2019, y de su juramentación como presidente encargado de Venezuela,
efectuada el 23 de enero del 2019, Juan Guaidó no solo ocupó los encabezados de
los medios de comunicación del país y del mundo, sino que se transformó, como
por arte de magia, en el líder de la oposición venezolana.
Guaidó subió como la espuma de una cerveza; sus índices de
aprobación llegaron a rozar el 75% de la simpatía de los venezolanos, cifra que
ni siquiera Hugo Chávez en su mejor momento logró alcanzar.
Guaidó se ubicó como el adalid de una sociedad que estaba, y
sigue estando, cansada de un sistema que se agotó hace muchos años atrás; sin
embargo el diputado Guaidó no supo administrar todo ese caudal de apoyo que se
graficaba en los estudios de opinión y se sentían en las calles de toda
Venezuela.
Empero, aquel liderazgo expresado en cuadros y líneas de
tendencias no fue el resultado de un arduo trabajo político o comunicacional,
no.
El liderazgo de Guaidó nace por una coincidencia de la vida,
por el respeto a un viejo pacto político y por las circunstancias de un destino
que muchas veces es caprichoso.
Al no ser un liderazgo construido a base de estrategia,
trabajo de campo y visión técnica, Guaidó dependía de sus actuaciones para
forjarse un liderazgo más real, más terrenal y más sólido en el campo de la
opinión pública venezolana, y no lo hizo.
Aunque, es menester apuntar, sus inicios como
"presidente encargado" estuvieron revestidos de algunos logros
políticos y comunicaciones, la falta de efectividad de sus planes y la no
concreción de sus objetivos hizo que Juan Guaidó cayera del pedestal en el que
muchísimos venezolanos lo habían colocado.
Así como subió la espuma, así mismo bajó. Actualmente Juan
Guaidó oscila en un 42% de aprobación, casi un 50% de aquellos que lo apoyaban
en el 2019 se han alejado de él y lo que representa, y lo más grave de todo es
que la tendencia es en picada.
Juan Guaidó no solo dejó de cumplir con la estrategia de
cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres, sino que
además su figura, y la de muchos de su entorno, quedó maltrecha ante el tema de
la Ayuda Humanitaria que jamás llegó a ningún lado en el país.
Ahora bien, los liderazgos efímeros son así. Juan Guaidó es
una estrella fugaz, un líder de un momento puntual, y al pasar este momento su
influencia en la opinión pública se acaba con la misma rapidez con la cual
apareció.
El grave error de Guaidó fue el de no consolidar su relación
con los venezolanos, el de no crear vínculos emotivos y empáticos con un
determinado nicho en el mercado político venezolano.
Un líder es mucho más que una circunstancia o un golpe de
suerte, debe ser una presencia continua, debe ser el resultado de una
comunicación efectiva entre el líder y la población.
Una de las tragedias venezolana es que hay una carencia de
liderazgo tremenda, porque no hay líderes en la oposición ni menos en el
gobierno.
Ni Guaidó es líder de los factores democráticos, más allá de
una jefatura puntual cada vez más débil y solo sostenida por la política
internacional de Estados Unidos , ni Nicolás Maduro es un líder en el
oficialismo, no obstante el caso del segundo lo abordaremos en otra
oportunidad.
¡Comunícate y hazlo bien!
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