Por José Dionisio Solórzano
Rincón del Gurú-. Cada actor político debe poseer o construirse
su personalidad, debe visualizar unos rasgos característicos que lo diferencien
de los demás miembros de la fauna pública de su ciudad, región o nación.
Esa «personalidad política» puede ser de simpatía,
jovialidad, intelectualidad, arrogancia, rebeldía, religiosidad, todas son
válidas, lo que sí debemos tener cuidado es en no contradecirnos.
El actor político debe comportarse igual en todo momento y
en toda circunstancia; no puede cometer el error de decir algo y luego actuar
de forma diferente, no.
Donald Trump es un líder destemplado, duro y directo, jamás
lo veremos en una actitud diferente, e incluso cuando trata de suavizar, los
rasgos de su carácter sobresalen. En la dimensión opuesta podemos mencionar a
Barack Obama, siempre fresco, divertido, amable y cordial, ambos edificaron sus
mensajes políticos sobre su personalidad.
Vean el caso de Nayib Bukele en El Salvador, su personalidad
revela una rebeldía conservadora, sus actuaciones están dirigidas a romper
muchos de los estándares de comportamiento preestablecidos y de esta forma se
ha ubicado en la simpatía de miles de salvadoreños.
Así podríamos mencionar a Alberto Fernández, en Argentina,
quien es y sigue siendo el «profe»; así como Jair Bolsonaro es el «hombre
fuerte» del Brasil; cada quien tiene que proyectar una imagen que lo diferencie
de otros, que los haga únicos y por ende atractivos ante la mirada de sus
electores.
Nunca debemos cometer los siguientes errores: ser parte del
montón; repetir como loros lo mismo que los demás dirigentes; no causar
polémicas…. Y aquí quiero hacer un alto, es necesario que causemos «ronchas»
con nuestras posiciones, decisiones o acciones, esta es la forma de
visualizarnos ante el inconsciente de nuestros electores.
Por ejemplo, cuando Trump habló del «muro» todos los ojos en
EEUU y el mundo voltearon a verlo; cuando Barack Obama visualizó la lucha de
las minorías en Norteamérica se hizo, él mismo, visible; es necesario hacernos
notar, sin embargo este movimiento de impacto en la opinión pública no debe ser
tomado a la ligera. Me explico, cuando abordamos un tema éste debe responder a
una intencionalidad política y comunicacional y ser parte de una narrativa más
profunda y detallada.
La ausencia de una personalidad fuertemente definida es el
principio del fracaso. En el mundo hiperconectado, con un bombardeo permanente
de informaciones y mensajes de toda índole, solo aquellos que son capaces de
destacar tienen una oportunidad y más cuando de política se trata.
Recuerden que cada gesto, cada palabra, cada frase, cada
foto transmiten un mensaje y éste debe ser parte de un todo estratégico y
orientado a unos objetivos comunicacionales y políticos muy bien diseñados y
estructurados.
¡Comunícate y hazlo bien!
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