Laboratorio de Ideas
José Dionisio Solórzano / @jdionisioss
Partamos del principio que todo comunica; sí, absolutamente todo lo que hacemos, dejamos de hacer, todo lo que nos colocamos o decimos tiene un impacto en los demás.
La imagen es una herramienta poderosa en las estrategias de comunicación, es por ello que la construcción de una estética es fundamental dentro de un plan político.
¿No eran imponentes los uniformes nazis y aquellas banderas rojas con la esvástica dentro de un círculo blanco? ¿No eran potentes las imágenes del martillo y la hoz en medio de una marcha de obreros en la extinta Unión Soviética?
La estética es esencia cuando queremos crear una comunidad, proyectar sentido de pertenencia y una imagen unificadora y de grandeza.
Una imagen bien diseñada puede elevar la percepción de un concepto político, es decir, no bastaba con decir que Barack Obama era diferente y un político humano sino que había que mostrarlo y fue allí cuando apareció la icónica imagen del Presidente de Estados Unidos saludando “de puñito” a un trabajador de limpieza de la Casa Blanca.
No le bastaba a Donald Trump con decir que “haremos a América Grande otra vez”, necesitaba algo más, y ese algo apareció cuando el magnate y presidente se tomó una foto abrazado con una bandera estadounidense. Un abrazo que lucía genuino y no forzado.
Es fundamental difundir imágenes que vayan acorde con la estrategia a comunicar; y no solo se trata de la figura de un candidato o personalidad política, también aplica para construcciones de ilusiones y/o percepciones deseadas.
Por ejemplo, Alberto Fujimori, cuando ocupó la Presidencia del Perú inició una cruenta guerra contra el terrorismo de Sendero Luminoso, y los derrotó.
Al final del proceso, el gobierno peruano capturó a Abimael Guzmán y ¿qué decisión de comunicación tomó el gobierno fujimorista? Mostró al jefe terrorista con un uniforme de presidiario (al estilo hollywoodiense de la época) de rayas negras y blanca y dentro de una jaula como diseñada para King Kong.
Aunque ver la imagen hoy en día parece dantesca o exagerada, en su momento el gobierno de Fujimori causó el efecto deseado; ahora – unos cuantos años después – vemos dos casos que se asemejan a éste. Por un lado el presidente de El Salvador, Nayib Bukele y por el otro al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.
El primero de ellos, el salvadoreño, inició desde que arribó al poder una guerra campal en contra de los pandilleros de su país. En el marco de ese proceso Bukele muestra imágenes de los delincuentes detenidos; y no solo ha expresado frases duras contra ellos sino que los ha sometido con todo el peso de la ley.
Ahora, Nicolás Maduro – presidente de Venezuela – comenzó hace poco una jornada en contra de los corruptos, develando un entramado de corrupción en Petróleos de Venezuela y capturando a 19 involucrados y los mostró a todos en fila india (uno tras otro) vestidos de anaranjados (otra vez al estilo hollywoodiense, pero moderno) y los sentó en una sala con sillas de festejo – con lazo y todo – (grave error).
La imagen de Bukele sobre los pandilleros fue ruda y creíble, la de Maduro con los corruptos no lo fue así, pues los presos ni esposas tenían, ni lucían afectados por la captura, más bien eran unos reos que parecían “muy joviales y frescos”, lo cual es una imagen que desdice lo que se quiere comunicar.
En conclusión, los detalles son esenciales para que una imagen tenga el efecto deseado y cause los efectos esperados.
¡Comunícate y hazlo bien!

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