martes, 2 de julio de 2019

Ahora, qué dirán


Por José Dionisio Solórzano

Cogito ergo sum (@jdsolorzano)-. ¿Qué dirán los defensores del régimen? ¿Qué dirá Michelle Bachelet? ¿Qué dirán los rusos, chinos y cubanos? ¿Qué dirán en la ONU? Sí, qué dirán ante la muerte del capitán de corbeta Rafael Acosta Arévalo y del ataque violento que sufrió Rufo Chacón, el cual lo dejó ciego.

Los cubamos dirán que Nicolás Maduro es el mejor defensor de sus intereses; los rusos dirán que el usurpador aprendió muy bien del ejemplo de Stalin y de los demás dictadores de la extinta Unión Soviética; los chino dirán que estuvo bien, aunque fallaron en el ocultamiento de los hechos.

La tristemente célebre Alta Comisionada de los Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Michelle Bachelet, debe echar por tierra todo su plan de limpiarle la cara al régimen y deberá reconocer la veracidad de las denuncias de violaciones de los DDHH en el país.

La ONU, por su parte, no podrá seguir negando la realidad, no podrán seguir escurriendo el bulto ante la crisis humanitaria que se vive en la nación y del genocidio, lento y sistemático, que se está perpetrando en la tierra de Simón Bolívar.

¿Qué dirán los militares? Sí, que opinarán los uniformados sobre la muerte de uno de los suyos. ¿Qué pensarán de ello? ¿Será que no sienten empatía por lo sucedido?

Ya varias voces han expresado su tristeza y malestar, la aparición de una misteriosa corona en la Comandancia de  la Armada pareciera indicar que la procesión va por dentro en los cuarteles, sin embargo todo esto son meras conjeturas, suposiciones y espejismos de una mente que no deja de pensar y de producir, cual pensamiento hegeliano, tesis, antítesis y síntesis.

Ahora, qué dirán aquellos que defienden el régimen. Ya hemos visto, como varios voceros han salido al paso a los sucesos, llamando a investigaciones, señalando culpables y tratando de sacarse de encima el “bulto” de la responsabilidad ante semejante evento.

Lo sucedido con el capitán de corbeta, asesinado en los calabozos del régimen y con el joven de 16 años, que protestaba ante la escasez de gas doméstico en su comunidad, son indicios reales y tangibles de que la violación de los derechos fundamentales pasó los límites de cualquier nivel.

Aquí ya no se trata de un régimen que se niega a morir, aquí no se trata de un bando luchando contra otro, sino que se trata de la lucha de una población inmensa contra una caterva de inmorales que convirtieron el Estado venezolano en una estructura criminal que no tiene parangón en los anales de la historia nacional y mundial.

Nunca el ejercicio del poder había sido utilizado para tales fines, las más cruentas de las dictaduras profesaban pensamientos políticos radicales, xenófobos, represores, pero jamás en la historia hubo una prédica y una acción tan abiertamente vandálica como ahora, salvo en los tiempos de Gengis Kan y su imperio nómada de terror.

Ante semejante barbarie institucionalizada, es el momento de pensar. Sí, de pensar, ya basta de hacer política sin sesos, es la hora de la estrategia, de la visión y de la acción.

¡Para mí: el guarapo dulce, café amargo y chocolate espeso!

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