Por José Dionisio Solórzano
Cogito ergo sum (@jdsolorzano)-. ¿Qué dirán los defensores del
régimen? ¿Qué dirá Michelle Bachelet? ¿Qué dirán los rusos, chinos y cubanos?
¿Qué dirán en la ONU? Sí, qué dirán ante la muerte del capitán de corbeta
Rafael Acosta Arévalo y del ataque violento que sufrió Rufo Chacón, el cual lo
dejó ciego.
Los cubamos dirán que Nicolás
Maduro es el mejor defensor de sus intereses; los rusos dirán que el usurpador
aprendió muy bien del ejemplo de Stalin y de los demás dictadores de la extinta
Unión Soviética; los chino dirán que estuvo bien, aunque fallaron en el
ocultamiento de los hechos.
La tristemente célebre Alta
Comisionada de los Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas (ONU),
Michelle Bachelet, debe echar por tierra todo su plan de limpiarle la cara al
régimen y deberá reconocer la veracidad de las denuncias de violaciones de los
DDHH en el país.
La ONU, por su parte, no podrá
seguir negando la realidad, no podrán seguir escurriendo el bulto ante la
crisis humanitaria que se vive en la nación y del genocidio, lento y
sistemático, que se está perpetrando en la tierra de Simón Bolívar.
¿Qué dirán los militares? Sí, que
opinarán los uniformados sobre la muerte de uno de los suyos. ¿Qué pensarán de
ello? ¿Será que no sienten empatía por lo sucedido?
Ya varias voces han expresado su
tristeza y malestar, la aparición de una misteriosa corona en la Comandancia
de la Armada pareciera indicar que la
procesión va por dentro en los cuarteles, sin embargo todo esto son meras
conjeturas, suposiciones y espejismos de una mente que no deja de pensar y de
producir, cual pensamiento hegeliano, tesis, antítesis y síntesis.
Ahora, qué dirán aquellos que
defienden el régimen. Ya hemos visto, como varios voceros han salido al paso a
los sucesos, llamando a investigaciones, señalando culpables y tratando de
sacarse de encima el “bulto” de la responsabilidad ante semejante evento.
Lo sucedido con el capitán de
corbeta, asesinado en los calabozos del régimen y con el joven de 16 años, que
protestaba ante la escasez de gas doméstico en su comunidad, son indicios
reales y tangibles de que la violación de los derechos fundamentales pasó los
límites de cualquier nivel.
Aquí ya no se trata de un régimen
que se niega a morir, aquí no se trata de un bando luchando contra otro, sino
que se trata de la lucha de una población inmensa contra una caterva de
inmorales que convirtieron el Estado venezolano en una estructura criminal que
no tiene parangón en los anales de la historia nacional y mundial.
Nunca el ejercicio del poder
había sido utilizado para tales fines, las más cruentas de las dictaduras
profesaban pensamientos políticos radicales, xenófobos, represores, pero jamás
en la historia hubo una prédica y una acción tan abiertamente vandálica como
ahora, salvo en los tiempos de Gengis Kan y su imperio nómada de terror.
Ante semejante barbarie
institucionalizada, es el momento de pensar. Sí, de pensar, ya basta de hacer
política sin sesos, es la hora de la estrategia, de la visión y de la acción.
¡Para mí: el guarapo dulce, café
amargo y chocolate espeso!
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