Rincón del Gurú-. La
falta de liderazgo real en el país hace que los venezolanos, ya estén en un
lado de la acera o en el otro, se movilicen más por efectos momentáneos,
coyunturas y reacciones emotivas ante fenómenos puntuales, que como resultado
de un estímulo preciso y determinado promovido desde la presencia y acciones de
un líder.
Actualmente, Venezuela carece de un
líder político. Sé que esta afirmación pudiera herir susceptibilidades, y
despertar el malestar de aquellos que al no coincidir conmigo, prefieren la
agresión y la desautorización, antes que la argumentación.
No obstante, es una verdad
comprobable. Nicolás Maduro, quien se encuentra sentado en la Silla de
Miraflores, carece de liderazgo dentro de los factores que defienden al modelo
de gobierno vigente en Venezuela.
Maduro solo es el ocupante del
Palacio de Miraflores, sin embargo el poder lo ejercen parcelas bien definidas
dentro de la estructura del Estado, las Fuerzas Armadas y el oficialista
Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv).
Del lado de la oposición tampoco
existe un líder a plenitud, Juan Guaidó es un efecto comunicacional, social y
político que ha tenido altas y bajas en los que va del año 2019, y a pesar de
sus aciertos, errores y diversas acciones que diferentes resultados, sería
injusto no reconocerle que es el factor político que más ha avanzado en el
camino hacia la liberación nacional.
Y, tampoco sería correcto indicar
que per sé es un líder, ya que su presencia no ha terminado de aglutinar a
todos aquellos que se oponen al actual modelo de gobierno venezolano.
El “Efecto Guaidó” despertó y aún
sigue despertando en un sector de la población, diversas emociones sociales
como la esperanza, debido a que su figura expedía frescura, dinamismo,
renovación, fuerza, y otros mensajes que lo llevó a posicionarse como el hombre
fuerte, desde la óptica de la Opinión Pública, del país.
Sin embargo, el “Efecto Guaidó”
ha decaído. ¿La razón? La falta de efectividad en sus acciones, el paso del
tiempo y el balance de resultados obtenido, y el peor de sus obstáculos que él
padece es el aumento del desespero de miles de disidentes al régimen que
quieren “una salida ya”.
Además, en el camino de los
acontecimientos han aparecido otros efectos como el causado por el “Informe
Bachelet”.
Para algunos, el resultado de la
visita de la Alta Comisionada de los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, no
fue el esperado, ya que para ellos “debió ser más dura”. Para otros, la forma
que abordó el caso venezolano es el adecuado y representa el inicio de un
proceso que pudiera desembocar la salida de Nicolás Maduro del poder.
El “Efecto Bachelet” no es otra
cosa que la ilusión de un grupo de venezolanos que esperan que el trabajo
realizado para la ONU haga que este ente tome acciones más concretas en contra
de las violaciones de los Derechos Humanos en Venezuela.
Por último, y mucho más
interesante, está en “Efecto Acosta Arévalo”. La Muerte del capitán de corbeta
en los calabozos del régimen ha producido un impacto innegable tanto dentro
como fuera del país, así como en las entrañas mismas de las Fuerzas Armadas
Venezolanas.
Este suceso apuró la presentación
del Informe Bachelet, y tal vez motivó a sus redactores a ser más crudos con la
situación venezolana; además, se ha hablado mucho de las repercusiones de éste
caso en el seno de las Fuerzas Armadas Nacionales.
La muerte de un militar, siempre
será un duro golpe para la siquis de otros militares. De esto no puede haber
duda.
Cada uno de estos hechos públicos
y notorios, poseen un impacto en la sociedad y ésta reacciona ante el estímulo,
lo que hace a la ciudadanía venezolana volátil e incontrolable en la
exteriorización de sus emociones.
¡Comunícate y hazlo bien!
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